SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES  

JESÚS ELIGIÓ A SUS APÓSTOLES

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú ves con agrado que Jesús asocie a sí mismo
ayudantes especiales para llevar a cabo su misión
de realizar un nuevo mundo y una nueva humanidad.
Te damos gracias por los hombres y mujeres
que tú eliges en la historia sagrada de tu pueblo
para guiarnos, conducirnos e inspirarnos.
Nosotros también queremos colaborar hoy 
con ese nuevo mundo, y por eso te pedimos:
Como a los Doce, haznos amigos íntimos de Jesús,
inspíranos con tu Santo Espíritu
a colaborar eficazmente con nuestros pastores, 
y llévanos a tu futuro de alegría eterna.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

1 Sm 24,3-21

En esta lectura se muestra la grandeza de David en el hecho admirable de que le perdona la vida a Saúl justamente cuando lo está persiguiendo. David, aunque perseguido, no quiere causar daño al rey, el ungido del Señor.

En aquellos días, Saúl tomó consigo tres mil hombres valientes de todo Israel y marchó en busca de David y su gente, en dirección de las rocas llamadas "las Cabras Monteses", y llegó hasta donde había un redil de ganado, junto al camino. Había allí una cueva, y Saúl entró en ella para satisfacer sus necesidades.

David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la cueva. Ellos le dijeron: "Ha llegado el día que te anunció el Señor, cuando te hizo esta promesa: 'Pondré a tu enemigo entre tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca' ".

David se levantó sin hacer ruido y cortó la punta del manto de Saúl. Pero a David le remordió la conciencia por haber cortado el manto de Saúl y dijo a sus hombres: "Dios me libre de levantar la mano contra el rey, porque es el ungido del Señor". Con estas palabras contuvo David a sus hombres y no les permitió atacar a Saúl.

Saúl salió de la cueva y siguió su camino. David salió detrás de él y le gritó: "Rey y señor mío". Y cuando Saúl miró hacia atrás, David le hizo una gran reverencia, inclinando la cabeza hasta el suelo, y le dijo: "¿Por qué haces caso a la gente que dice: 'David trata de hacerte mal'? Date cuenta de que hoy el Señor te puso en mis manos en la cueva y pude matarte, pero te perdoné la vida, pues me dije: 'No alzaré mi mano contra el rey, porque es el ungido del Señor'. Mira la punta de tu manto en mi mano. Yo la corté y no te maté. Reconoce, pues, que en mí no hay traición y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, andas buscando la ocasión de quitarme la vida. Que el Señor sea nuestro juez, y que él me haga justicia. Yo no alzaré mi mano contra ti, porque como dice el antiguo proverbio: 'Los malos obran mal'. ¿Contra quién has salido a guerrear, rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una pulga. Que el Señor sea el juez y nos juzgue a los dos. Que él examine mi causa y me libre de tu mano".

Cuando David terminó de hablar, Saúl le respondió: "¿Eres tú, David, hijo mío, quien así me habla?" Saúl rompió a llorar y, levantando la voz, le dijo: "Tú eres más justo que yo, porque sólo me haces el bien, mientras que yo busco tu mal. Hoy has demostrado conmigo tu gran bondad, pues el Señor me puso en tus manos, y tú no me has quitado la vida. ¿Qué hombre, que encuentra a su enemigo, le permite seguir su camino en paz? Que el Señor te recompense por lo que hoy has hecho conmigo. Ahora estoy cierto de que llegarás a ser rey y de que el reino de Israel se consolidará en tus manos".

Salmo Responsorial

Salmo 56, 2. 3-4. 6 y 11

R. (2a) Señor, apiádate de mí.
Apiádate de mí, Señor, apiádate,
pues en ti me refugio;
me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase el infortunio.
R. Señor, apiádate de mí.
Voy a clamar al Dios altísimo,
al Dios que me ha colmado de favores;
desde el cielo, su amor y su lealtad
me salvarán de mis perseguidores.
R. Señor, apiádate de mí.
Señor, demuestra tu poder
y llénese la tierra de tu gloria;
pues tu amor es más grande que los cielos
y tu fidelidad las nubes toca.
R. Señor, apiádate de mí.

Aclamación antes del Evangelio

2 Corintios 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros
el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 3,13-19

 Jesús convoca a los que él quiere para trabajar con él. Los Doce, sus compañeros íntimos, que nos recuerdan a las doce tribus de Israel, habrían de ser los líderes, y habrían de ser en el futuro el fundamento y los pilares de su Iglesia, excepto Judas, el traidor. Hoy Jesús nos convoca a todos nosotros, indistintamente, aunque a algunos les da tareas especiales para edificar su Iglesia. Sin embargo, todos compartimos la misma misión.

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir "hijos del trueno"; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.

Oración de los Fieles

–      Para que el Papa, sucesor de Pedro, sea nuestra roca de fe, nuestro modelo de sanación y misericordia, Y, por tanto, el signo de unidad en la Iglesia, roguemos al Señor.

–      Para que los apóstoles de hoy, nuestros obispos, ejerzan su autoridad como un servicio humilde y sacrificado para edificar la comunidad de Jesús, roguemos al Señor.

–      Para que los misioneros descubran, en la gente y en el pueblo al que han sido enviados, todo lo bueno y los grandes valores que hay en sus mentes, en sus corazones y en su cultura; que puedan sanarlos, ennoblecerlos y perfeccionarlos en Cristo Jesús, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Pastor nuestro: 
Con pan y vino celebramos en esta eucaristía
que tu pueblo es el Cuerpo místico de Cristo
al que tú deseas alimentar 
con su Cuerpo y con su Sangre. 
Santifícanos y acepta nuestra ofrenda
que la unimos a la de tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Con toda la Iglesia te damos gracias
por encomendarnos 
la Buena Noticia de Salvación de Jesús
y por fortalecernos con su Cuerpo, Pan de Vida.
Que todo el Pueblo de Dios, 
al que has llamado a la vida,
difunda la Buena Noticia, el Evangelio de Jesús, 
y te dé toda alabanza y gloria
por todo el amor que tú nos has mostrado,
en Jesucristo nuestro Señor. 

Bendición
Hermanos: Cuando vivió entre nosotros, Jesús eligió a los doce apóstoles. A través de la historia continuó eligiendo a muchos para llevar a cabo su trabajo y misión. Su misión debe continuar. Por eso él sigue llamando hoy a muchos, para sean nuestros líderes y guías. Que ojalá sepamos nosotros colaborar eficazmente con ellos para edificar la Iglesia, con la bendición del Señor. Que la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Scroll to Top