SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
LO VIEJO y LO NUEVO
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, inmutable pero siempre nuevo:
Tú quieres que seamos
tu pueblo peregrino en marcha
en pos de Jesús, tu Hijo,
hacia un nuevo futuro de justicia y amor.
No permitas que nos quedemos como anestesiados,
contentos y satisfechos con nuestros viejos hábitos
y con nuestros modos rutinarios y haraganes.
Ayúdanos a aceptar el dolor
de tener que dejar atrás lo familiar y conocido
y ábrenos al reto del Evangelio,
para llegar a ser más semejantes a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor,
que va guiando nuestros pasos vacilantes,
Primera Lectura
La lectura del Libro de Samuel nos revela el modo en que Saúl traiciona la voluntad de Dios, no se mantiene firme en su Ley por debilidad y temor. Desecha, como tantas veces lo hacemos nosotros, la Palabra de Dios, enredado en otras voces…
En aquellos días, Samuel le dijo a Saúl: “Te voy a manifestar lo que el Señor me dijo hoy en la noche”. Él le contestó: “¿Qué te dijo?” Samuel prosiguió: “Aunque a tus propios ojos no valías nada, ¿no llegaste acaso a ser el jefe de Israel? El Señor te ungió como rey de Israel. Él te ordenó llevar a cabo una expedición contra los amalecitas, diciéndote: ‘Ve y destruye a esos pecadores. Hazles la guerra hasta acabar con todos ellos’. ¿Por qué no has obedecido la voz del Señor y te has quedado con el botín, haciendo lo que desagradaba al Señor?”
Saúl le respondió a Samuel: “No. Yo obedecí al Señor. Llevé a cabo la expedición que él me ordenó. Traje cautivo a Agag, rey de Amalec, y acabé con los amalecitas. Fue el pueblo el que tomó del botín lo mejor de las ovejas y los bueyes para sacrificarlos al Señor, nuestro Dios, en Guilgal”.
Pero Samuel le replicó: “¿Crees tú que al Señor le agradan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a sus palabras? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de los carneros. La rebelión contra Dios es tan grave como el pecado de hechicería, y la obstinación, como el crimen de idolatría. Por haber rechazado la orden del Señor, él te rechaza a ti como rey”.
Salmo Responsorial
Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23
R. (23b) Quien me da gracias, ése me honra.
No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor,
pues siempre están ante mí tus holocaustos.
Pero ya no aceptaré becerros de tu casa
ni cabritos de tus rebaños.
R. Quien me da gracias, ése me honra.
“¿Por qué citas mis preceptos
y hablas a toda hora de mi pacto,
tú que detestas la obediencia
y echas en saco roto mis mandatos”?
R. Quien me da gracias, ése me honra.
Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme?
¿Crees acaso que yo soy como tú?
No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados.
R. Quien me da gracias, ése me honra.
Quien las gracias me da, ése me honra
y yo salvaré al que cumple mi voluntad.
R. Quien me da gracias, ése me honra.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz
y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.
R. Aleluya.
Evangelio
Marcos anuncia que el tiempo de la espera ha terminado. Que la Promesa se ha cumplido en Jesucristo. Dios no nos ha dejado a nuestra suerte. Pero este nuevo tiempo, tiempo de cambio, supone algún problema para nosotros. La dificultad está en que lo viejo y lo nuevo se muestran normalmente intolerantes el uno con el otro. Jesús es categórico: a vino nuevo, odres nuevos. Abandonar viejos hábitos, antiguas seguridades… La única certeza es la conversión. Y que Dios, en Jesús, inaugura el tiempo nuevo: ya está con nosotros…
En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?”
Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos? Mientras está con ellos el esposo, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el esposo les será quitado y entonces sí ayunarán.
Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos”.
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia, para que tanto el pueblo de Dios como sus líderes sigan los impulsos del Espíritu creador para comunicar a la gente de hoy, en un lenguaje moderno, el mensaje siempre nuevo del Evangelio de Jesucristo, roguemos al Señor.
– Por los artistas, poetas e inventores. Para que nos revelen el esplendor de la Creación y las riquezas de la vida más allá de la aparente rutina y monotonía de nuestra existencia, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas. Para que no tengamos miedo al cambio auténtico, y consigamos de Cristo el valor para comenzar –con nuestra propia conversión– la renovación del mundo y de la Iglesia, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con este pan y este vino que ahora te ofrecemos
celebramos la alianza que tú renuevas con nosotros
por la sangre de Jesucristo.
Haznos de verdad tu nuevo pueblo fiel
vinculado a ti en una unión eterna de amor.
Renueva nuestros corazones;
transfórmanos en tu nuevo vino
de esperanza y alegría,
para que podamos reconstruir esta nuestra tierra de hoy
Y caminar hacia adelante con tu Hijo Jesucristo
hacia unos nuevos cielos, donde tú serás nuestro Dios,
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios de esperanza:
Tú nos has dado a Jesús tu Hijo
como compañero de camino
para ayudarnos a entender
las cosas viejas y familiares
con un corazón nuevo y joven,
y para renovarnos a nosotros mismos
y así transformar el mundo.
Que él nos siga estimulando
cuando tratamos de transigir y no cambiar,
simplemente metiendo remiendos a lo viejo, aquí y allá,
Que él también refrene nuestra impaciencia
cuando intentamos acelerar a la gente
más allá de su capacidad de cambio y crecimiento.
Llévanos siempre hacia adelante
por medio de nuestro guía
en quien plenamente confiamos,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Sí, no es fácil realizar cambios, ni para nosotros, ni para la Iglesia ni para el mundo. Pero la vida es crecimiento. Tenemos que ir creciendo hasta la talla y estatura de Cristo. Tenemos que llegar a ser cristianos maduros en comunidades también maduras, con la bendición del Señor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
