SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
LO VIEJO y LO NUEVO
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, inmutable pero siempre nuevo:
Tú quieres que seamos
tu pueblo peregrino en marcha
en pos de Jesús, tu Hijo,
hacia un nuevo futuro de justicia y amor.
No permitas que nos quedemos como anestesiados,
contentos y satisfechos con nuestros viejos hábitos
y con nuestros modos rutinarios y haraganes.
Ayúdanos a aceptar el dolor
de tener que dejar atrás lo familiar y conocido
y ábrenos al reto del Evangelio,
para llegar a ser más semejantes a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor,
que va guiando nuestros pasos vacilantes,
Primera Lectura
Los sacerdotes judíos tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados. Pero el día que Dios manifestó a su Hijo como sumo sacerdote entre los hombres, Cristo, en obediencia a la voluntad del Padre, se entregó a sí mismo asumiendo sobre sí todo nuestro pecado para nuestra Salvación.
Jesús, Sacerdote sufriente
Todo sumo sacerdote es elegido entre los hombres y nombrado su representante ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Puede ser indulgente con ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a la debilidad humana,
y a causa de ella tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, lo mismo que por los del pueblo.
Y nadie puede tomar tal dignidad para sí mismo si no es llamado por Dios, como Aarón.
Del mismo modo Cristo no se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió del que le dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy;
y en otro pasaje: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas, al que podía librarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado.
Y aunque era Hijo de Dios, aprendió sufriendo lo que es obedecer,
así alcanzó la perfección y llegó a ser para cuantos lo obedecen causa de salvación eterna,
y Dios lo proclamó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
Evangelio
Marcos anuncia que el tiempo de la espera ha terminado. Que la Promesa se ha cumplido en Jesucristo. Dios no nos ha dejado a nuestra suerte. Pero este nuevo tiempo, tiempo de cambio, supone algún problema para nosotros. La dificultad está en que lo viejo y lo nuevo se muestran normalmente intolerantes el uno con el otro. Jesús es categórico: a vino nuevo, odres nuevos. Abandonar viejos hábitos, antiguas seguridades… La única certeza es la conversión. Y que Dios, en Jesús, inaugura el tiempo nuevo: ya está con nosotros…
Sobre el ayuno
Un día que los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno fueron a decirle a Jesús:
—¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan y tus discípulos no ayunan?
Jesús les respondió:
—¿Pueden los invitados a la boda ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos no pueden ayunar.
Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán.
Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo nuevo añadido tira del vestido viejo, y la rotura se hace más grande.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres y se echan a perder odres y vino. A vino nuevo, odres nuevos.
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia, para que tanto el pueblo de Dios como sus líderes sigan los impulsos del Espíritu creador para comunicar a la gente de hoy, en un lenguaje moderno, el mensaje siempre nuevo del Evangelio de Jesucristo, roguemos al Señor.
– Por los artistas, poetas e inventores. Para que nos revelen el esplendor de la Creación y las riquezas de la vida más allá de la aparente rutina y monotonía de nuestra existencia, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas. Para que no tengamos miedo al cambio auténtico, y consigamos de Cristo el valor para comenzar –con nuestra propia conversión– la renovación del mundo y de la Iglesia, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con este pan y este vino que ahora te ofrecemos
celebramos la alianza que tú renuevas con nosotros
por la sangre de Jesucristo.
Haznos de verdad tu nuevo pueblo fiel
vinculado a ti en una unión eterna de amor.
Renueva nuestros corazones;
transfórmanos en tu nuevo vino
de esperanza y alegría,
para que podamos reconstruir esta nuestra tierra de hoy
Y caminar hacia adelante con tu Hijo Jesucristo
hacia unos nuevos cielos, donde tú serás nuestro Dios,
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios de esperanza:
Tú nos has dado a Jesús tu Hijo
como compañero de camino
para ayudarnos a entender
las cosas viejas y familiares
con un corazón nuevo y joven,
y para renovarnos a nosotros mismos
y así transformar el mundo.
Que él nos siga estimulando
cuando tratamos de transigir y no cambiar,
simplemente metiendo remiendos a lo viejo, aquí y allá,
Que él también refrene nuestra impaciencia
cuando intentamos acelerar a la gente
más allá de su capacidad de cambio y crecimiento.
Llévanos siempre hacia adelante
por medio de nuestro guía
en quien plenamente confiamos,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Sí, no es fácil realizar cambios, ni para nosotros, ni para la Iglesia ni para el mundo. Pero la vida es crecimiento. Tenemos que ir creciendo hasta la talla y estatura de Cristo. Tenemos que llegar a ser cristianos maduros en comunidades también maduras, con la bendición del Señor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
