PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
“OIGAN A DIOS Y RESPÓNDANLE”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor, Dios y Padre nuestro:
Nos llamas a escuchar
la Palabra de amor y de misión
que tú nos diriges en esta eucaristía.
Haznos receptivos a tu Palabra,
y que ella mueva nuestros corazones.
Ponnos en sintonía también con tu voz
que habla en los hermanos
y en los acontecimientos de la vida.
Y haznos atentos a tu silencio.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La Primera Lectura de hoy nos narra la bonita historia de la vocación de Samuel. Él es el hombre atento a los signos de la presencia de Dios: oye lo inaudible, ve lo invisible, donde otros no ven ni oyen absolutamente nada. Él está en contacto con Dios, como lo hacía Jesús cuando se retiraba a un lugar solitario para orar. Cuando todo es silencio en nosotros es cuando mejor oímos a Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10
(cf. 8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza;
él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños. R.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: “Aquí estoy”. R.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena
hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón. R.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios:
tú lo sabes, Señor. R.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
Evangelio
El evangelio de hoy muestra la compasión de Jesús para con los afligidos con toda clase de desgracias, para con los desalentados y desolados. Jesús se compromete con la muerte y la miseria. ¿No es acaso ésa la misión que nos confía también a nosotros hoy?
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.
Oración de los Fieles
– Para que llevemos nuestros sufrimientos y problemas ante el Señor y hablemos de ellos con él en oración confiada, roguemos al Señor.
– Para que las frustraciones y los fracasos no nos amarguen la vida, sino que nos ayuden a acercarnos más al Señor y a crecer como personas humanas, roguemos al Señor.
– Para que nuestros propios sufrimientos nos ayuden a comprender mejor a los hermanos cuando los veamos inmersos en problemas. Que estemos siempre dispuestos a ofrecerles nuestra discreta pero eficaz ayuda, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Estamos aquí ante ti
con estos dones de pan y vino
para participar en la mesa santa de tu Hijo.
Ayúdanos a ver
su velada presencia en medio de nosotros.
Y que prestemos oídos dóciles a su llamado
para comprometernos y entregarnos generosamente
los unos a los otros en servicio desinteresado.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Al dejar este templo, lugar de silencio y de oración,
te pedimos que sepamos crear entre nosotros
islas de paz y de silencio.
No permitas que nos perdamos
y nos olvidemos de ti y hasta de nosotros mismos
en el ajetreo y agitación de nuestro trabajo,
sino ayúdanos a volver siempre a ti,
que eres el centro de nuestro ser y de nuestra vida,
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hay tantas formas en las que Dios continúa hablándonos en la vida. Estemos atentos a su presencia; aprendamos a verlo, a oírlo, a ser cercanos e íntimos suyos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
