PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

EL PODER SALVADOR DE DIOS

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, fuente de todo poder,
nos complace imaginar
que podemos hacer grandes cosas,
pero cuando se trata de tu trabajo,
de tu Reino de verdad y de justicia,
tenemos que reconocer, quizás de mala gana,
que somos débiles y poco efectivos.
Ayúdanos a reconocer esta debilidad nuestra,
no como derrota, sino como nuestra verdadera fuerza,
para que tu poder se revele en sí mismo
en el sufrimiento, en la lucha,
y también en la amabilidad y el amor,
que tú nos muestras en Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Heb 2,5-12

Jesús se despojó de todos sus privilegios siendo Dios, o, como dice la Carta a los Hebreos, se hizo menor que los ángeles para unirse a nosotros en nuestra humanidad herida. Quien no tenía pecado se sometió a la muerte. Su sufrimiento fue el camino a la gloria, para sí mismo y para nosotros. 

5

Porque Dios no sometió a los ángeles el mundo futuro del que hablamos,

6

como atestigua alguien cuando dice: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él o el ser humano para que te ocupes de él?

7

Lo hiciste poco menos que los ángeles, lo coronaste de gloria y honor,

8

todo lo sometiste bajo sus pies. Al someterle todo, no deja nada sin someter. De hecho, ahora no vemos aún que todo le esté sometido.

9

Vemos, en cambio, a Jesús, que por la pasión y muerte fue algo inferior a los ángeles, coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, padeció la muerte por todos.

10

Pionero de la salvación y Sumo Sacerdote

En efecto, convenía que Dios, por quien y para quien todo existe, queriendo conducir a la gloria a muchos hijos, llevara a la perfección por el sufrimiento al jefe y salvador de todos ellos.

11

El que consagra y los consagrados tienen todos un mismo origen por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12

cuando dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré,

Evangelio

Mc 1,21-28

En el evangelio de hoy Marcos nos muestra el poder de Dios en acción en Jesús, el Mesías. Es un poder al que se oponen las fuerzas del mal, un poder que debe luchar y asumir la contradicción y el sufrimiento, pero que definitivamente saldrá victorioso. Así es el poder de Dios también hoy en el mundo. Se manifiesta como respuesta a nuestra fe y oración.

21

Enseña y exorciza en Cafarnaún

Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar.

22

La gente se asombraba de su enseñanza porque lo hacía con autoridad, no como los letrados.

23

Precisamente en aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, que gritó:

24

—¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Consagrado de Dios!

25

Jesús le increpó:
—¡Calla y sal de él!

26

El espíritu inmundo sacudió al hombre, dio un fuerte grito y salió de él.

27

Todos se llenaron de estupor y se preguntaban:
—¿Qué significa esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad! Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.

28

Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Oración de los Fieles

–      Para que en la Iglesia sepamos ofrecernos unos a otros la curación del perdón y de la compasión, roguemos al Señor.

–      Para que todos los enfermos sigan esperando sanación y que asuman su sufrimiento con paciencia y fortaleza, roguemos al Señor.

–      Para que en nuestras comunidades consideremos como tarea compartir nuestras penas y aliviar las cargas de los demás, roguemos al Señor. 

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre todopoderoso:
Por medio de este pan y de este vino
tú quieres que Jesús, tu Hijo, se una a nosotros hoy
en nuestra lucha para ser libres,
como discípulos que te sirven a ti y a nuestro prójimo.
Que Jesús expulse de nosotros 
el espíritu rebelde de la soberbia y el egoísmo
y nos llene con su buen espíritu, 
el Espíritu Santo de amor y fortaleza, 
para que, junto con tu Hijo, seamos tuyos
ahora y por los siglos de los siglos

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tenemos miedo a la lucha y al dolor,
a la debilidad y a la aparente derrota.
Sigue recordándonos, 
no con rudeza sino con amabilidad,
que éste fue el modo de tu Hijo
y que éste es el modo con el que tú siempre ganas.
Y si nosotros no entendemos del todo,
ayúdanos a crecer en fe y en confianza
en tu propio plan para el verdadero éxito
y en tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús enseñaba con autoridad. ¿Por qué? Porque creía totalmente en lo que decía; y porque apoyaba sus enseñanzas con señales milagrosas. Quizás el mayor milagro fue que él mismo vivía lo que enseñaba. Que nosotros también vivamos como creemos, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

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