SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo Litúrgico: A
Introducción
Testigos de Jesucristo
Jesús, Cordero de Dio
Saludo (Ver Segunda Lectura)
A ustedes, el pueblo santo de Jesucristo,
gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre
y del mismo Señor Jesucristo.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
Testigos de Jesucristo
Se supone que un cristiano, un seguidor y discípulo de Cristo, es alguien que intenta ser buen testigo del mismo Cristo, con palabras y con obras. En el Evangelio, el primer gran testigo de Jesús es Juan el Bautista, que lo señaló con el dedo y lo mostró a la gente. Pero incluso Juan tuvo que reconocer que al principio no sabía quién era realmente Jesús y que tenía que convertirse, para conocer bien la identidad de Jesús y lo que él proclamaba. Sólo entonces pudo llegar a ser testigo creíble y convincente. Y nosotros, ¿acaso no tenemos que aprender mejor quién es Jesús y lo que él significa para nosotros y para la gente, de modo que podamos ser más cercanos e íntimos a él y atraer hacia él a la gente?
Jesús, Cordero de Dios
¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Cuál es, para nosotros, el nombre que mejor le encaja? El discípulo del profeta Isaías lo llamó Siervo de Dios. San Pablo lo llama Jesucristo. Juan el Bautista lo señala como el Cordero de Dios. Jesús es todo eso. Ello implica que nosotros tenemos que ser como él: siervos, salvadores, y víctimas, si es necesario. Celebremos esta eucaristía con Jesús.
Acto Penitencial
Si conociéramos mejor al Señor,
no lo ofenderíamos con nuestros pecados.
Pidámosle que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, Juan el Bautista nos anuncia
que tú eres el Cordero de Dios
que quitas el pecado del mundo.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, Juan el Bautista reconoció
que tú eras mayor que él
y existías antes que él.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, Juan el Bautista profesó
que el Espíritu de Dios moraba en ti
y que tú eres el Elegido de Dios.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
perdona nuestros pecados;
danos la gracia de conocerte mejor
para que te amemos más intensamente;
y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta (Dos Opciones)
Testigos de Jesucristo
Oremos pidiendo el valor
para dar testimonio de Jesús, el Señor.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Juan el Bautista señaló a tu Hijo
como el Salvador del mundo,
y sin embargo tuvo que reconocer
que conocía muy poco a Jesús.
Aunque nosotros también lo conocemos poco,
te pedimos el valor para dar testimonio
de que él quita el pecado del mundo
y de que él es nuestro único Elegido.
Que tu Espíritu descienda
y permanezca también en nosotros,
para que nuestro testimonio sea creíble
gracias a nuestro modo de vida.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Jesús, Cordero de Dios
Oremos para que, con Jesús, aprendamos
a servir a Dios y a los hermanos.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Queremos honrar a Jesús,
tu Hijo entre nosotros,
con nombres maravillosos:
Jesús nuestro Señor,
Cordero de Dios,
Siervo de Dios y de los hombres.
Que estos nombres no sean entre nosotros
meros títulos de honor vacíos
sino palabras llenas de sentido
que nos comprometan a llegar a ser como él.
Ayúdanos a vivir los unos para los otros
y a llevar los unos las cargas de los otros,
para que seamos verdaderos siervos como él,
que es nuestro Señor por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Siervo de Dios y Luz de las naciones
Vendrá un siervo de Dios y será luz, no sólo de Israel sino de todas las naciones… La comunidad cristiana reconoció a Jesús como ese siervo anunciado por Isaías.
El Señor me dijo:
“Tú eres mi siervo, Israel;
en ti manifestaré mi gloria”.
Ahora habla el Señor,
el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor,
para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
–tanto así me honró el Señor
y mi Dios fue mi fuerza–.
Ahora, pues, dice el Señor:
“Es poco que seas mi siervo
sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel;
te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue
hasta los últimos rincones de la tierra”.
Salmo Responsorial
Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10
(8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza,
él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
El me puso en la boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: “Aquí estoy”.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena
hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios:
tú lo sabes, Señor.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Segunda Lectura
Llamados a ser testimonio de Jesús, el Señor
Como apóstol, San Pablo se consideró un siervo cuya misión era proclamar a Jesucristo como el Señor de todos. ¿Es Jesús el Señor de nuestras vidas? ¿Lo proclamamos como Señor nuestro?
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, mi colaborador, saludamos a la comunidad cristiana que está en Corinto. A todos ustedes, a quienes Dios santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo, así como a todos aquellos que en cualquier lugar invocan el nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro y Señor de ellos, les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
A todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.
R. Aleluya.
Evangelio
¡Miren: he aquí el Cordero de Dios!
Juan el Bautista da testimonio de que Jesús es el Salvador, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús es el prometido Siervo de Dios y de los hombres.
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
Oración de los Fieles
Se supone que nosotros somos el pueblo santo de Jesucristo, y nos sentimos llamados a orar a nuestro Señor con y por todos nuestros hermanos. Digámosle a Jesús: R/ Hijo del Dios vivo, ten piedad de nosotros.
– Señor Jesús, mira a tu Iglesia vacilante. Que tu Espíritu descienda sobre ella infundiéndole el dinamismo necesario para que te anuncie con valentía y para que ofrezca tu perdón a todos los hombres, y así te rogamos.
– Señor Jesús, mira con bondad a todos los padres que han bautizado a sus hijos. Que te conozcan mejor y los guíen a ti y a tu amor. Y así te rogamos.
– Señor Jesús, mira con bondad a todos los hambrientos y a todos los enfermos, a los torturados y a los que viven en soledad. No permitas que el mundo pecador los margine y aplaste. Y así te rogamos.
– Señor Jesús, mira con bondad a todos los que todavía no te reconocen, ni a ti ni a tu luz. Muéstrales tu rostro a través de las palabras y obras de los que creen en ti y te sirven, roguemos al Señor.
– Señor Jesús, míranos con bondad a nosotros, pecadores, y acógenos. El pecado es a veces más fuerte que nosotros. Queremos que tu gracia sea más fuerte que nuestros pecados. Y así te rogamos.
Señor Jesús, que el fuego que has encendido en nuestro mundo nos mueva a todos a dar testimonio de tu amor. Escúchanos, bondadoso Señor nuestro, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En estos signos de pan y vino
tu Hijo se nos dará como incomparable don,
como tu Siervo y como nuestro Cordero.
En este banquete de la eucaristía
se nos va a servir
como nuestra bebida y alimento.
Moldéanos, Padre, a su imagen y semejanza.
Que como él sepamos darnos totalmente
a los hermanos que nos rodean,
y estemos siempre dispuestos
a perdonar, ayudar y servir;
a levantar a los demás y a darles siempre ánimo.
Que seamos realmente hombres y mujeres
en quienes vive Jesucristo,
Señor y Salvador nuestro
por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Con Jesús, damos gracias al Padre por el perdón y la vida que él nos trajo. Con Jesús, nosotros también hacemos oblación de nosotros mismos para que nos convirtamos en siervos de Dios y siervos los unos de los otros.
Invitación al Padre Nuestro
Como pueblo santo de Jesucristo,
acudimos confiadamente a Dios nuestro Padre
con las palabras del mismo Jesús.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de nuestro egoísmo,
en cualquier forma que aparezca entre nosotros,
como raíz del pecado,
y ayúdanos a crecer a imagen y semejanza de tu Hijo.
Que él sea el Señor y el centro de nuestras vidas.
Ábrenos a su vida y a su amor,
para que lo esperemos siempre sin temor
a él, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Las palabras de Juan el Bautista
se dirigen a nosotros ahora:
“Éste es el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo...”
Él es el elegido de Dios, nuestro Señor y Salvador.
Dichosos nosotros de recibirlo en comunión.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús está entre nosotros
para curar y para salvar.
Cólmanos con su fuerza,
para que podamos seguir haciendo lo que él hizo,
sin hacer ruido, discretamente.
Danos la gracia de ser más conscientes
de que nos has confiado su misión
y de que somos tu camino hacia los hermanos,
a causa de Jesucristo, tu Hijo,
que vive contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Dios nos envía ahora a hacerlo presente en el mundo de hoy. Vayamos a proclamar a todos los que encontremos las maravillas que él ha hecho por nosotros y a llevar su amor y su paz a todos los que viven alrededor nuestro. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
