Sexto día dentro de la octava de Navidad
ABIERTOS AL MISTERIO DE DIOS
Ciclo Litúrgico: A,B,C
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Padre todopoderoso:
Tú inspiras a gente humilde y fiel
a reconocer a tu Hijo
y a acogerlo como el Salvador
que trajo libertad y vida a su pueblo.
Que nosotros también reconozcamos y acojamos a Jesús
en todo lo que es pequeño y humilde.
Y, con él y como él, crezcamos en sabiduría y gracia
hasta la madurez que tú sueñas para tus hijos e hijas,
de modo que alcancemos la estatura plena de Jesús.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
«Amen a Dios, no al mundo»
Con demasiada facilidad, todos más de una vez, como dice San Juan en la Primera Lectura, perdemos nuestro corazón enredados en deseos y propósitos que nos someten y nos alejan de la felicidad segura y profunda que Dios nos promete.
Les escribo a ustedes, hijitos, porque han sido perdonados sus pecados en el nombre de Jesús. Les escribo a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al demonio. Les he escrito a ustedes, hijitos, porque conocen al Padre. Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al demonio.
No amen al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo: las pasiones desordenadas del hombre, las curiosidades malsanas y la arrogancia del dinero, no vienen del Padre, sino del mundo. El mundo pasa y sus pasiones desordenadas también. Pero el que hace la voluntad de Dios tiene vida eterna.
Salmo Responsorial
Salmo 96: Alaben al Señor, todos los pueblos
R.(11a) Alaben al Señor, todos los pueblos.
Alaben al Señor, pueblos del orbe,
reconozcan su gloria y su poder
y tribútenle honores a su nombre.
R. Alaben al Señor, todos los pueblos.
Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.
Caigamos en su templo de rodillas.
Tiemblen ante el Señor los atrevidos.
R. Alégrese el cielo y goce la tierra.
"Reina el Señor", digamos a los pueblos.
El afianzó con su poder el orbe,
gobierna a las naciones con justicia.
R. Alégrese el cielo y goce la tierra.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un día sagrado ha brillado para nosotros.
Vengan, naciones, y adoren al Señor,
porque hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra.
R. Aleluya.
Evangelio
El Niño crecía y se fortalecía
En el mismo escenario de la profecía de Simeón aparece una anciana y sabia mujer, Ana, proclama que está pronta la Salvación, que el Señor Dios nunca abandona sus promesas. Y le da gracias por todas las generaciones pasadas y las que vendrán.
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Oración de los Fieles
Queremos, Señor, seguir creciendo en amor y conocimiento de Dios y compartirlo con los que nos rodean. Por eso te decimos: R/Danos valentía creativa paraimpregnar la vida de Evangelio.
- Por las familias, para que animen y ayuden a los hijos a crecer en los valores evangélicos según su vocación, roguemos al Señor.
- Por los jóvenes, para que lleguen a amar profundamente a Cristo y para que el conocimiento del Evangelio eche raíces profundas y robustas en ellos, roguemos al Señor.
- Por los niños pequeños, para que lleguen a descubrir y a amar a Dios a través de su experiencia del amor de sus padres, roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, hijos e hijas de Dios, para que sepamos buscar su voluntad en todo lo que hacemos y formar comunidades en las que nos preocupemos, con amor y solidaridad, los unos por los otros, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Por medio del alimento y la bebida de la eucaristía
–Cuerpo y Sangre de tu Hijo–,
calma nuestra hambre y sacia nuestra sed
de todo lo que es bueno a tus ojos.
En este ofertorio, nos ofrecemos a nosotros mismos
juntamente con tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Aquí en la eucaristía
tu Hijo Jesús nos ha ofrecido su victoria y liberación
para vencer el mal en este mundo,
en nosotros y en nuestro alrededor.
Haz que recibamos siempre con gratitud
la vida y la luz de Jesús
y que sigamos sus huellas,
porque él es nuestro Señor
por los siglos de los siglos.
Bendición
Los ancianos, como Ana y Simeón, con frecuencia perciben los misterios de Dios con una perspicacia que avergüenza a los teólogos y poseedores de títulos académicos. Eso lo aprenden por medio de la oración y de la reflexión. Que el Señor bendiga a estos sabios ancianos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.
