FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA – AÑO A

Mateo 2,13-15.19-23

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Un buen domingo para todos.

El texto del evangelio de hoy nos presenta a la sagrada familia en un momento particularmente difícil de su historia. Primero, tienen que huir a Egipto y luego deben regresar a la tierra de Israel por indicación del Señor. De la manera cómo la sagrada familia vivió este momento, ciertamente nada fácil, nosotros buscaremos sacar algunos mensajes para nuestras familias de hoy.

También iremos más allá de lo que se presenta como una crónica de un evento dolorosoque la familia de Nazaret tuvo que vivir. No estamos frente a un reportaje periodístico y, menos aún, frente a una fábula. Todos somos conscientes que, al narrar esta fuga a Egipto, los evangelios apócrifos han sido muy creativos y han dejado libre curso a la fantasía.

A cada rato mencionan que ha habido milagros…leones y leopardos que escoltan a la sagrada familia, las palmeras que se inclinan para ofrecer a María los dátiles, Jesús que acelera el viaje porque teme que sus padres sufran mucho el calor y, además, curaciones espectaculares, los ángeles que acompañan y consuelan a José y María por el cansancio del viaje…. Si no se comprende el género literario empleado por el evangelista Mateo, se arriesga a perder el mensaje más importante, el que más que cualquier otro importa al evangelista. 

Los biblistas nos dicen que no estamos delante de una crónica, sino a una ‘hagadá midrásica’. ¿Qué quiere decir? Los rabinos del tiempo de Jesús estaban habituados a comunicar sus enseñanzas, no tanto con razonamientos abstractos o con disquisiciones teológicas, con fórmulas dogmáticas —como luego han hecho nuestros catecismos—sino por medio de historias y así comunicaban sus enseñanzas.

Y la página de hoy es una de esas historias rabínicas que hacen referencia a episodios del Antiguo Testamento y los actualizan. Y el de hoy es una historia escrita por el evangelista Mateo que ha tomado como inspiración lo que aconteció al pueblo de Israel en Egipto. Su objetivo no es contar un episodio en la vida de Jesús sino hacernos comprender quién es Jesús y cuál es su misión a la que ha sido llamado.

Lo dice a través del texto que ahora escuchamos:

Cuando los magos se fueron, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. Se levantó, todavía de noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto, donde residió hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que anunció el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo. A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a Israel, pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño. Se levantó, tomó al niño y a su madre y se volvió a Israel.

Un ángel del Señor le habla a José y le indica lo que debe hacer. ¿Quién es este ángel del Señor? Es una figura que se encuentra frecuentemente en la biblia y no indica a un personaje que desciende del cielo, como estamos acostumbrados a imaginarlo. ‘Ángel del Señor’ es una fórmula estereotipada para indicar que es el mismo Señor el que se revela e interviene en favor de la gente. Es Dios que revela a José sus diseños, su voluntad. Y la biblia emplea esta fórmula: ‘ángel del Señor’. Luego el sueño. Es otra imagen bíblica para presentar la revelación de la voluntad del Señor.

Muchas revelaciones en la biblia son hechas a través de sueños a personajes del Antiguo Testamento. Así, recordemos que Abrahán aceptó la voluntad de Dios y el texto dice que fue en sueños; lo mismo Jacob; el sueño de José que luego fue llevado a Egipto y luego llegó a ser a segundo del faraón. Y, especialmente, recordamos el sueño de Salomón en Gabaón. Todo esto para decir que Dios ha comunicado su voluntad, sus proyectos a una persona que estaba muy despierta.

También en el Nuevo Testamento aparece esta imagen y es siempre en el evangelio de Mateo. Seis veces este evangelista habla de sueños y solamente uno de estos sueños no es metafórico, el de la mujer de Pilatos que le manda decir a su marido: ten cuidado porque esta noche he tenido pesadillas sobre Jesús de Nazaret, por tanto, no te metas con él, no te mezcles con los asuntos de este hombre.

Los paganos creían en la revelación a través de sueños, pero en Israel esta práctica era obsoleta y condenada. La única manera de saber la voluntad del Señor era la de acudir al profeta. Por tanto, la imagen del sueño es introducida en nuestro texto para hacer resaltar la disposición interior de José que está siempre dispuesto a pedirle al Señor que le revele lo que debe hacer.

Mateo caracteriza a José como el que se mueve siempre en plena sintonía, no con sus sueños, sino con los sueños de Dios. Esta imagen ya ha sido utilizada por el evangelista como lo recordamos cuando José está reflexionando y busca saber cuál puede ser la voluntad del Señor respecto a María que estaba embarazada por obra de Espíritu Santo y se pregunta:“¿qué es lo que debo hacer con María y con el niño que lleva en sus entrañas?”. Y el Señor le revela su voluntad en sueños.

Nosotros lo podemos traducir en un lenguaje mucho más claro: es durante la oración,cuando José se deja iluminar sobre la voluntad del Señor. Es también una de las manerascómo el Señor también hoy nos habla a cada uno de nosotros cuando abrimos nuestro corazón y estamos disponibles a recibir su luz; buscamos oscurecer todas las otras luces,todas las otras sugerencias, para seguir lo que Él nos indica.

Aquí tenemos un primer mensaje para cada uno de nosotros y, especialmente, para las familias. La disposición interior de José es la que se requiere de todos nosotros cuando queremos construir una vida, no según nuestros proyectos, sino según lo que Dios quiere. Es así como el creyente vive todos los momentos de su vida, los agradables y los dolorosos; todo lo que sucede, incluso los imprevistos, buscando siempre la luz del Señor para sintonizar con su voluntad.

El segundo mensaje está dirigido especialmente para nuestras familias. Lo tomamos de una expresión que aparece cuatro veces en pocos versículos. Dios dice por medio del ángel del Señor: “toma al niño y a su madre, huye a Egipto”. Y dos veces se repite la misma expresión para referirse al cumplimiento de la orden: José “se levantó, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto”.

José no pronuncia ni una palabra; escucha la voz del Señor e inmediatamente se pone en camino para realizar lo que se le ha pedido hacer. Su comportamiento está modelado según lo que ha hecho su padre Abrahán a quien el Señor le había dicho: “Sal de tu tierra, de tus parientes, de la casa de tu padre y camina a la tierra que yo te indicaré”. Y Abrahán no dice ni una palabra. El texto sagrado dice que Abrahán partió… exactamente como lo hace José. No dice ni una palabra y sigue inmediatamente lo que la luz del Señor le ha indicado. Es la misma disponibilidad. La fe que Dios ha encontrado en Abrahán y en José.

¿Qué imagen de familia nos hemos hecho al escuchar este texto? Creo que a todos nos ha encantado el clima de perfecta armonía que reina entre María y José. Caminan juntos, en total acuerdo sobre lo que deben hacer. No nos cabe imaginar que entre ellos se hubiese escapado alguna imprecación con el destino adverso o contra los responsables de sus desaventuras.

¿Cuál es el secreto de esta serenidad y de esta unión familiar?… Esa que todos nosotros deseáramos que reinase en nuestras familias. El secreto es que José y María se mantienen unidos y serenos frente a las dificultades porque tienen un punto de referencia que es el mismo para los dos. Sus opciones son el sueño de Dios; es lo que ellos quieren comprender y cumplir.

Escuchan en todo momento la voz del Señor. Y se dejan guiar por esta voz. Tuvieron que enfrentarse con grandes adversidades, lo que hubiese podido disgregar a la familia, como sucede tantas veces en nuestras familias cuando se enfrentan con problemas difíciles y, a veces son problemas que, en vez de unir a los esposos, separan la familia. Esto no sucede con María y José porque las adversidades en vez de separarlos y después de haberlos discernido juntos según la luz de Dios han salido con una unidad consolidada y reforzada.

Y aquí un mensaje para todos los papás siguiendo la gran figura de José: En todo lo que el evangelio con narra de él, no se encuentra nada de lo que él haya hecho pensando en sí mismo. Todo lo que se le pide hacer es siempre para favorecer a los demás. José se mueve, trabaja, para el bien, para la salvación de los demás. Es una persona totalmente olvidadiza de sí, de la búsqueda de su propio interés. Siempre atento a la necesidad de los demás. Y no dice ni una palabra. Está siempre al servicio del que tiene necesidad de su ayuda, de su presencia.

Llegamos ahora al mensaje más importante, la razón por la que el evangelista ha compuesto este relato. Las dos imágenes del texto evangélico de hoy: la huida a Egipto y el retorno a la tierra de Israel, ambos concluyen con una cita bíblica. Y el significado más profundo de los relatos se explican en el cumplimiento de estas profecías.

La primera: “De Egipto llamé a mi hijo”. Esta es una cita del profeta Oseas. Hacia el final de su libro introduce una escena muy agradable. Narra el interés de Dios por su pueblo y dice que el Señor ha sido un padre para Israel, lo ha colmado de ternura y lo describe: a Israel, que era su hijo primogénito, le ha enseñado a caminar, llevándolo de la mano con cariño, como lo hace un padre con su hijo de tres años. De esa manera Dios acompañó a su pueblo durante su historia a veces convulsionada.

Luego, Dios ha llevado a este hijo a su mejilla para acariciarlo con amor; se ha inclinado para darle de comer; y cuando lo vio reducido a la esclavitud, lo ha hecho huir de Egipto y lo condujo a la tierra de la libertad. Hasta aquí el relato del profeta Oseas: “De Egipto he llamado a mi hijo” para llevarlo a la tierra de la libertad. Pero justamente en esta tierra prometida, este hijo primogénito, Israel, ¿era verdaderamente libre? En el texto evangélico de hoy, Mateo dice que NO, esa no era la tierra de la libertad. Y, de hecho, la sagrada familia se ve obligada a huir. Y esta vez no huye de Egipto sino de Israel pues allí reina Herodes, un tirano que no es muy diferente al faraón de Egipto quien ha esclavizado a los israelitas. Herodes sigue los mismos principios, cultiva los mismos ideales de grandeza, de poder del faraón. Se parece mucho al faraón.

Por tanto, la tierra de la libertad no es una tierra física, pues la tierra de esclavitud estaba en Egipto y está en Israel. Puede estar en cualquier parte del mundo. Por tanto, es necesario un nuevo éxodo de esta tierra de esclavitud. Los reinos de este mundo son todos iguales. Cuando se construyen en base al criterio de justicia de los hombres, estos reinos se convierten en opresores y supeditan todo a la voluntad y antojos del tirano de turno. Esta es la razón por la que el evangelista recuerda a esta profecía y la aplica a Jesús. Quiere hacer comprender a sus lectores, desde las primeras páginas de su libro, que Jesús ha venido para guiar a la humanidad hacia un nuevo éxodo, no de una tierra material, sino de condiciones de esclavitud, para llegar a ser realmente personas libres.

‘Egipto’ es una imagen de la condición de la humanidad subordinada a los faraones, a los Herodes que no tienen escrúpulos hasta llegar a matar para mantenerse en el poder. Si miramos alrededor de nuestro mundo, nos daremos inmediatamente cuenta de la condición en que viven los pobres, los débiles, las personas indefensas, incluso de los niños. ¿En qué estado se encuentran estas personas frágiles? Los poderes de este mundo se rigen por las leyes de la finanza, del mercado, de las presiones de los constructores de armamentos. Y Mateo dice que ese niño ha venido para tirar esto fuera de este mundo injusto y cruel.

La tierra de la esclavitud no es solamente aquella de las estructuras sociales, culturales, políticas y económicas, sino también la tierra de nuestros ídolos que nos esclavizan. Esos ídolos a los cuales consagramos las opciones de nuestra vida. Somos esclavos no solamente de estructuras, sino esclavos desde dentro: esclavos de nuestras pasiones que nos llevan a idolatrar el dinero, el placer, el éxito a cualquier precio.

Si nuestro Dios es el dinero, es él el que da las órdenes de lo que debemos hacer, es él el que dirá cómo disfrutar, incluso engañar y, si es necesario, el recurrir también a la violencia.El que escucha los consejos de este ídolo acabará por encontrarse en aquel reino de los faraones y de los Herodes de los cuales es necesario escaparse para vivir como humanos.

Y si nuestro ídolo es la carrera profesional, entonces este ídolo nos da las órdenes, incluso dispuesto a hacer concesiones con la conciencia, a mentir si es necesario, a inclinarse en zalamerías hipócritas y engaños.

Los ídolos nos llevan siempre hacia el reino de la esclavitud. Mateo nos dice que es en este Egipto donde el Hijo de Dios ha venido, ha entrado, se ha inmerso en nuestra condición de esclavitud, de todas estas esclavitudes, para salvarnos, para llevarnos fuera, para llegar a ser realmente personas libres.

Queda claro que lo que narra Mateo no es un reportaje de un viaje físico, material, sino que, sirviéndose de las citas bíblicas, ofrece a los lectores una primera llave interpretativa de su evangelio. Ha presentado a Jesús como el nuevo Moisés que quiere llevarnos hacia la verdadera tierra de la libertad, que es el reino de Dios. Es el pueblo que acepta y recibe sus bienaventuranzas y con ellos construye un mundo nuevo, finalmente humano. Escuchemos ahora cómo Mateo concluye las dos comparaciones que ha compuesto: Pero, al enterarse que Arquelao había sucedido a su padre Herodes como rey de Judea, tuvo miedo de ir allí. Y avisado en sueños, se retiró a la provincia de Galilea y se estableció en una población llamada Nazaret, para que se cumpliera lo anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

El evangelista Mateo concluye su relato mencionando una segunda profecía: “Será llamado Nazareno”. Si recorremos todo el Antiguo Testamento no encontraremos esta profecía. Por tanto, a diferencia de la precedente, esta no es clara y ha recibido muchas interpretaciones sobre cuál puede ser su significado.

El nombre ‘Nazaret’ hace referencia al término hebreo ‘netzer’ que significa rama y también retoño. Quien visita Nazaret, contempla desde lo alto las montañas que circundan a la pequeña alza del terreno sobre la cual se alza hoy la basílica de la Anunciación. Y da la clara impresión de encontrarse frente a una flor florecida. Las montañas, a modo de anfiteatro, parecen pétalos y en el centro el pistilo, la población habitada en tiempos de Jesús. Y quizás sea esta conformación que ha dado el nombre de ‘Nazaret’ a ese lugar: de ‘netzer’ – florecido, pueblo florecido. Y cuando Jesús regresa de Egipto —dice el evangelista Mateo—llega a Nazaret y ha sido llamado ‘nazareno’ (de netzer) – florecido y de aquí se va a la profecía de Isaías que había dicho: del tronco casi muerto de la dinastía de David “retoñará el tocón de Jesé, de su cepa brotará un vástago sobre el cual se posará el Espíritu del Señor” (Is 11,1-2).

Es la invitación que hace Mateo, probablemente aludiendo a esta profecía, al ver germinar esta flor que da comienzo al verdadero reino que no tendrá fin, del tocón de la familia de David.

Voy a acabar con una última reflexión sobre José. Al referirme a José he empleado la palabra ‘padre’. No le añado ‘putativo’. El verdadero padre de Jesús en esta tierra es él, pues junto con María fue él que llevó a Jesús a convertirse en hombre, lo han hecho crecer comunicándole los valores que caracterizan a la verdadera persona. No confundamos la paternidad con la transmisión de la vida biológica. El ‘padre’ es el que ayuda a convertirse en persona a un niño, aunque no le haya dado la vida biológica. Es el que le comunica lo ‘humano’, los valores que tiene. Cuando el hijo crece con esa humanidad que él le ha comunicado ese es el verdadero padre. Por tanto, es José quien le ha inculcado a Jesús esos valores que lo caracterizan: la capacidad de amar, la atención a los demás, el olvidarse de sí mismo para ayudar a los demás, la honestidad, la rectitud, la atención al pobre. Esto es lo que caracteriza al hombre auténtico.

Sabemos que Jesús era alérgico a cualquier clase de hipocresía. ¿De dónde sacó Jesús todas estas cosas? ¿Quién le ha hecho asimilar estos valores sino su padre? Jesús creció y fue educado prestando atención a los últimos, a ser amigo de quienes se han equivocado en la vida, a amar y estimar a los extranjeros, a los samaritanos… ¿Quién le ha inculcado estos valores? José no sintió predicar a Jesús, pero en las palabras de Jesús, en el mensaje de amor que él ha anunciado, nosotros podemos leer como en filigrana, los valores que Jesús ha aprendido observando la vida de su padre y de su madre que el Padre del cielo le puso a su lado para que creciese con los valores que debería reflejar el rostro del Padre celestial.

Si el Padre ha querido mostrar en Jesús de Nazaret su propio rostro, ha dispuesto que sean estos esposos para que educasen a su Unigénito para que pudiese asemejarse plenamente a Él. Observando cómo han hecho crecer a este hombre Jesús de Nazaret, podemos concluirque el Padre del cielo ha escogido a las personas adecuadas.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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