6 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – AÑO A

Mateo 5,17-37

Para bajar el texto del video

En aquel tiempo, dijo Jesús: No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una «i» ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por tanto, quien quebrante el más mínimode estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.

Un buen domingo para todos.

Como todo israelita piadoso, para Jesús la Torá era sagrada; la ley que Dios había dado a su pueblo y siendo palabra de Dios no podía ser ni desmentida ni contradicha. En una discusión que Jesús tuvo con los escribas y los fariseos, en cierto momento se hizo referencia a la Torá y se estuvo de acuerdo en que la Torá no puede ser anulada.

Como hemos sentido al comienzo del evangelio de hoy, ¿cómo es que Jesús siente la necesidad de aclarar su propia posición de frente a la ley que Dios le dio al pueblo de Israel. Dice: “No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas”.

El verbo ‘abolir’ que encontramos en nuestra traducción, no es correcto. Jesús nunca dio la idea de que él quería abolir el Antiguo Testamento. Absolutamente NO. El verbo empleado en griego es “καταλῦω” = katalúo = y este verbo no significa ‘abolir’, significa ‘demoler’, ‘hacer colapsar’, ‘derrumbar’.

¿Cuál fue la impresión que Jesús dio para hacer derrumbar la Torá? Basta citar una página del evangelio de Mateo y encontraremos la razón de por qué ha dado la idea de hacer colapsar lo que eran las expectativas y esperanzas de la Torá y del Antiguo Testamento. Jesús había dicho: “Dichosos los pobres” … y todas las otras bienaventuranzas. Y, seguramente, la gente se habrá preguntado: ‘Pero, ¿qué es lo que está diciendo?’. En los libros sagrados ¿no se dice, acaso, que Dios bendice al justo colmándolo de bienes?

Todas las sectas judías: los zelotes, los fariseos, los saduceos, los esenios tenían su imagen del mesías que estaban esperando, y estaban todos de acuerdo sobre uno de los aspectos que este Mesías debía tener: que tendría éxito y que daría éxito, riqueza, bienestar a todos los que le siguieran. En este punto estaban todos de acuerdo. Y esta era también la idea que tenían los discípulos de Jesús.

Recordamos que Pedro, cuando Jesús le dice que es necesario donar la vida, y Pedro le dice: NO. A nosotros nos tienen que servir. Esta era la convicción suscitada en todo el pueblo de Israel, incluidos los discípulos, suscitada por el Antiguo Testamento. Recordemos el salmo 72: “Los reyes de Tarsis y las islas le paguen tributo… que los reyes de Sabá y Arabia le paguen impuestos… los extranjeros se inclinarán delante de este pueblo” (Sal 72,8-10). Un rey davídico que reina sobre todos. También Moisés, en el libro del Deuteronomio, capítulo 28 dice al pueblo de Israel: “Que el Señor te ponga en primer lugar, no el en último; que siempre estés encima de los demás, nunca debajo” (Dt 28,13). Más abajo estarán los otros pueblos.

Y Jesús quería dar vuelta todo esto. Derribaba todas las esperanzas. Proclamaba grande no al que domina sino al que sirve; no al que está en lo alto sino el que está abajo. Las expectativas no correspondían a las esperanzas del pueblo. Y es por eso que Jesús reafirma:“Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una «i» ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos”.

Menciona el más mínimo de los mandamientos. No los desprecia, pero no son la meta última. Para entrar en el reino de los cielos, ante todo, es necesario verificar si se ha llegado a interiorizar la primera parte de la revelación del Señor, que es el Antiguo Testamento. Son mandamientos ‘mínimos’ comparados con los que él presenta.

Y, de hecho, después de haber reconocido el valor, la intangibilidad de la ley de los profetas, Jesús continúa con una afirmación que prepara los seis ejemplos del siguiente texto que son necesarios realizar con respecto a la justicia del Antiguo Testamento. No la reniega, pero dice que es necesario seguir adelante: “Les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”.

Observar la Torá. Torá deriva del verbo ‘iará’. ‘Iará’ significa lanzar una flecha, por tanto, indicar una dirección. Y la Torá ha indicado la dirección justa. Pero en un cierto momento, la Torá se ha detenido. Es necesario ir más allá. No indicaba el horizonte último al que es necesario llegar. Es necesario dar un salto hacia delante. Y, de hecho, Jesús da seis ejemplos partiendo de lo que dice la Torá. ‘La Torá ha llegado hasta aquí… ahora yo les digo a dónde es necesario llegar, la última meta.

Y estaremos de acuerdo cuando examinemos estos seis ejemplos que más allá de estos horizontes es imposible andar. Es lo máximo de lo humano que Jesús presenta. Más lejos es imposible andar.

Escuchemos ahora el primer paso adelante que, partiendo de la Torá, Jesús pide hacer a quien quiera ser su discípulo o, mejor, a quien simplemente aspira a ser una persona verdadera, una persona realizada plenamente.

Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego.

“Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás”. Ese pasivo: “se dijo” a los antiguos, es un ‘pasivo divino’. O sea, ‘Ustedes han oído que Dios ha dicho: no matarás’. Es una de las diez palabras que afecta a la intangibilidad de la vida del hombre.

Recordemos lo que el libro del Génesis dice en el capítulo 9: “Yo pediré cuenta de la sangre y la vida de cada uno de ustedes; al hombre le pediré cuenta de la vida de su hermano, porque Dios hizo al hombre a su imagen” (Gén 9,5-6). O sea, igual que el rey, Dios se ha construido su propia estatua. ¿Qué hacían los faraones en Egipto o los reyes de la Mesopotamia? Construían sus estatuas y tocar esas estatuas significaba atacar al soberano. Y Dios emplea esta comparación: ‘Hice al hombre a mi imagen’. El que toca a esta imagen, toca a Dios. Y Jesús continúa, pero antes una nota.

Algunas traducciones dicen: “Pero yo les digo”. Esto no es correcto. Ese ‘pero’ parecería contradecir lo que ha sido dicho por Dios. Y en el texto original griego este ‘pero’ no existe. El texto griego dice: ἐγὼ δὲ λέγω ὑμῖν = que quiere decir lo que ha sido dicho… luego yo les digo. Lo que ha sido dicho a los antiguos es muy bueno, y debe permanecer. ‘Ahora yo les digo dónde es necesario llegar para respetar la imagen de Dios que es el hombre’.

Por tanto, en todos los ejemplos que Jesús hará—en los seis ejemplos—no existe ese ‘pero’. Algunos indican a estos ejemplos como antítesis al Antiguo Testamento. Esta antítesis no existe. Jesús no se pone en contraposición al Antiguo Testamento, sino que da continuidady muestra a dónde debe llegar esta palabra de Dios.

Se puede hacer una interpretación reductiva de este precepto, o sea, no quitar la vida biológica. Pero, para Dios, la vida humana no significa una vida que vegeta, que sobrevive. Conocemos a gente que tienen salud y luego dicen: ‘esto no es vida’, falta mucho para ser una vida digna de una persona. Y el primer ejemplo que da Jesús es de homicidio, aunque no se toque la vida biológica—esto ya lo decía el Antiguo Testamento—pero ahora Jesúsmuestra la meta última.

Para no tocar la vida de la persona da el primer ejemplo: No se puede enojar; el que se enoja quita vida al hermano. Tratemos de entender: la ira es la reacción de rechazo de frente a la injusticia, de frente al mal hecho contra nosotros o contra de cualquier otro. La ira es un impulso que Dios ha puesto y nace del amor por el bien. El que no se irrita de frente al mal,quiere decir que no ama.

De hecho, en el Antiguo Testamento, se habla mucho más de la ‘ira de Dios’ que de la ira del hombre. Y si Dios no se enojase, sería indiferente, sería impasible, incapaz de amar. Y, de hecho, recordamos que el Bautista hablaba de la ‘ira inminente de Dios’. ¿Cómo así que esta pasión de Dios es buena… esta ira de Dios? Porque, a diferencia de la nuestra, no se desencadena contra el que hace el mal sino contra el mal. En nosotros la ira fácilmente pierde el control, degenera en agresión, en odio al que comete el mal, en odio al hermano. La ira se debe desencadenar contra el mal, no contra la persona que lo comete.

Esto es lo que dice Jesús: ‘aunque tú no quites la vida biológica al hermano, pero si pierdes el control de la ira y en vez de culpar al mal, culpas al que hace el mal, cometes un homicidio. Ordinariamente nosotros no hacemos esta distinción e identificamos el mal con la persona que lo comete. E intentamos quitar el mal quitando de en medio la persona. No es que la matemos… pero si se la lleva una enfermedad no lo lamentaremos mucho, porque, entonces, el mal que cometía ya no existe más porque no existe la persona.

Esta ira es homicidio. La fórmula del homicidio es siempre esta: ‘No quiero que tú existas’, ‘no quiero que tú vivas’, ‘el mundo andaría mejor si tú no existieses’. ¿Por qué?Porque hace el mal. NO. Hay que eliminar el mal, no la persona que lo comete. Es hermoso lo que dice Pablo en la carta a los efesios, en el capítulo 4: “Si se enojan, no pequen” (Ef 4,26). Esto es, controlen esta compulsión que Dios ha puesto y señala el mal que existe, pero no pierdan el control y se arrebaten contra la persona que comete el mal. “Que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo”.

Segundo ejemplo de homicidio: quien llama a su hermano ‘imbécil’. El término hebreo es ‘reká’ que significa ‘cabeza vacía’. No se trata de una expresión grave, pero para Jesús ya se trata de homicidio. O sea, quitar en el fondo, aunque sea una pequeña alegría de vivir del hermano. No hay que hacerlo.

Tercer ejemplo: “Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego”. Se trata de ejemplos que Jesús da para decirnos que cualquier palabra que pueda quitar, aunque sea la sonrisa a alguien, es ya un pequeño homicidio. Por ejemplo, rumores, chismes, maldiciones, calumnias… son formas de homicidio con la lengua.

Y sabemos que estos homicidios los cometemos todos. Si se pudiesen captar con rayos Xpara ver qué clase de cementerios tenemos en nuestro corazón, sería un gran lío, nos avergonzaremos de lo que hemos cometido. Debido a nuestra fragilidad, es inevitable que quitemos vida al hermano.

¿Cómo comportarse? Es lo que ahora dice Jesús: Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo. Vivimos con nuestros hermanos, practicamos el bien, pero también hacemos el mal. Es inevitable que esto suceda. ¿Qué hacer? Lo dice Jesús: Es necesario reconciliarse con el hermano. Y esta reconciliación es tan importante para él que tiene absoluta prioridad.

Y para explicar esto Jesús emplea una comparación paradójica para la cultura religiosa de su pueblo. Los rabinos habían establecido que cuando uno comenzaba a rezar, no podía interrumpir la oración. Y añadían: ‘ni siquiera si una serpiente se enrosca en tu pierna’. Para reconciliarse con el hermano o hermana, Jesús dice que se debe interrumpir, no solamente la oración, sino incluso el sacrificio que se está ofreciendo en el templo.

Tengamos presente lo que dice Jesús: si te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti’. Alguien puede decir: ‘yo recibí una ofensa muy grande’ y tengo algo contra mi hermano, por tanto, no puedo acercarme al banquete eucarístico’. NO. Estemos atentos a lo que dice Jesús: ‘si te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti’. Si recibiste una ofensa de tu hermano no le puedes tener rencor. Pero lo que Jesús pide es que tú, antes de ofrecer el sacrificio en el altar, debes interrogarte siempre: ‘¿Hay alguien que tenga algo contra mí?’.

Esta es la razón: el sacrificio es algo a lo cual nosotros renunciamos, pero en la religiosidad hebrea, el sacrificio = ‘corbán’, se deriva del verbo ‘enakrib’ que significa ‘avecinarse’; avecinarse al Señor. El sacrificio avecina a Dios y a los hermanos. Si te encuentras alejado de tu hermano sabiendo que él tiene algo contra tuyo porque tú le hiciste algún mal, si tú te avecinas a Dios eres un hipócrita porque primero debes resolver la razón por la que tu hermano está lejos de ti. No puedes acercarte a Dios cuando tu hermano se ha alejado de ti. El Señor no acepta tu sacrificio. Es una hipocresía.

Y luego la urgencia: “Busca rápidamente un acuerdo, con tu hermano, mientras vas de camino con él”. Este ‘camino’ no es otra cosa que el trayecto de nuestra vida. Antes del encuentro definitivo con el Padre del cielo debes llegar a un acuerdo. No puedes llegar al Padre del cielo si has hecho algo contra tu hermano.

Algunos años antes de que se escribiera el evangelio de Mateo, ha sido escrita la Didajé.Estamos en el mismo contexto de la ciudad de Antioquía donde también se escribió el evangelio de Mateo. Y anteriormente al evangelio de Mateo fue escrito este catecismo que se llama ‘Didajé’. Tiene una recomendación muy hermosa: “En el día del Señor, quien está en discordia con su prójimo no se una a ustedes antes de haberse reconciliado, para que vuestro sacrificio no sea contaminado (Didajé 14,1-2).

Dos siglos después, un obispo de la misma región exhortaba a sus hermanos en el episcopado con estas palabras (los obispos eran los que pronunciaban los juicios con los miembros de la comunidad cuando había algún problema); dice esta Didascalia de los apóstoles: “Pronuncien sus sentencias el lunes con el fin de tener tiempo hasta el sábado para dirimir las disensiones (entre los miembros de sus comunidades) y así poder pacificar el Domingo a los divididos por la discordia” (Didascalia 2, 59, 2).

Escuchemos ahora el segundo ejemplo del salto hacia delante que Jesús espera de aquellos que quieren entrar en el reino de los cielos.

Escuchemos:

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti.Más te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno.

“Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio”. Jesús comienza allí, de lo que está escrito en la Torá. ¿Por qué suceden estas desviaciones? Porque Dios ha hecho bien todas las cosas y ha querido que en el vínculo conyugal, el esposo y la esposa estuvieran envueltos en una relación de amor único, incondicional, definitivo, total. Por tanto, toda relación sexual con otra persona que no sea con el propio cónyuge, en la Torá es llamada adulterio.

No se trata de una disposición que Dios da y si uno la traspasa comete pecado y luego Dios castiga. Nada de esto. El amor de Dios se preocupa de que tú seas feliz, que todo sea humanizante y pone en guardia de un peligro muy grande porque ciertas opciones, si uno las hace, te deshumanizan.

Entonces, esto es lo que está escrito en la Torá. Y está bien. Jesús no lo desmiente. No dice: “Pero yo les digo…”. Jesús dice: esto está bien. Ahora yo les digo ‘quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón’. Se cuenta de algunos rabinos que nunca en su vida pusieron la vista en una mujer. Jesús no se comporta de esta manera. Jesús es muy sereno, muy sencillo, espontáneo, libre en la relación con las mujeres. Recordemos el incidente cuando entra una pecadora en casa del fariseo y Jesús se deja abrazar, besar; la amistad que tuvo con mujeres, con Marta y María de Betania, con la Magdalena.

Para Jesús el problema no es mirar o no mirar a una mujer. Se trata de saber qué es lo que llevas en tu corazón… dónde quieres llegar. Pues hay amistades, sentimientos, relaciones que ya son traiciones, aunque no lleguen al acto material. El amante hace impuro tu corazón. La fidelidad conyugal es una ley que no es exterior, sino que está escrita en la misma naturaleza del amor esponsal. Lo demás son opciones de muerte, no de vida. Opciones que te deshumanizan.

Y Jesús indica la manera inequivocable dónde comienza el adulterio. Comienza en el corazón. Se ataca a este pecado en su raíz. Si se espera a que el deseo produzca su fruto, ya es tarde. Y por eso Jesús hace referencia a ciertas conductas que luego te llevan a acciones que te deshumanizan. “Si tu ojo derecho te lleva a pecar” … la concupiscencia, el dejarse envolver en ciertas relaciones de amor, en ciertas seducciones. De frente a una situación de pecado, de frente a una seducción sexual, la pregunta que espontáneamente todos se ponen es: ¿debo aprovechar la ocasión o dejarla pasar? Si la dejo pasar, quizás luego me arrepiente…

Estas son las preguntas que la gente hace. ¿Debo alimentar o debo cortar ciertas relaciones? Jesús es muy claro: ten la valentía de cortar cuanto antes; no esperes porque puedes perder el control y acabar tu vida en la gehena.

¿Qué significa ‘terminar entero en la gehena’? No en el ‘infierno’. La gehena era el basurero; se encontraba en la parte sud occidental de la ciudad de Jerusalén. No es que Dios te mande al infierno. Tú te metes en el basurero con tu vida si no cortas inmediatamente ciertas conductas.

Luego, “Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en la gehena”. Estamos en un campo donde, con mucha facilidad, se arriesga de perder el control de los instintos; y después vienen los grandes problemas que afectan no solamente a los que hicieron las cosas mal, sino a la familia, los hijos y, a veces, como dice la Escritura, las consecuencias del pecado afectan hasta la tercera y cuarta generación. Es por eso que Jesús insiste.

De frente a ciertas situaciones hay que tener la valentía de hacer los cortes necesarios, aunque sean dolorosos, antes que los primeros deseos se transformen en adulterio de hecho.

Escuchemos ahora el tercer ejemplo del salto que debe hacer el que, partiendo de la Torá, quiere llegar al reino de Dios.

Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. Pero yo les digo que quien repudia a su mujer –salvo en caso de concubinato– la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio. Es lo que Dios ha dicho: “Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio”.

Acta de divorcio se dice en hebreo: ‘sefer keritut’. ‘Keritut’ viene del verbo ‘karat’ que significa ‘cortar’, ‘retroceder’, por tanto, algo muy doloroso. Es el documento de la ruptura de una relación esponsal. Durante la lectura del texto evangélico habrán podido observar una ‘ketuvá’ y ahora pueden ver dos a mi espalda.’Ketuvot’ (Hebreo: כְּתוָּבָּה; “algo escrito”, es el documento del contrato matrimonial.

Este documento está firmado bajo la ‘jupá’ que es el baldaquino que está siempre presente en el rito matrimonial y a ‘ketuvá’ se firma delante de dos testigos. Se trata de hojas decoradas exquisitamente, como pueden observar, con muchos colores. Son un verdadero himno a la alegría y a la vida. Se pintan palomas, ramos de uva, flores. Y están escritos en hebreo, la lengua sagrada. También Chagall ha pintado ‘ketuvots’. El ‘sefer keritut’, el documento de ruptura del matrimonio es una manera legal, la preparación de un papel escrito todo en negro y en inglés, no en hebreo.

Divorcio en hebreo se dice: ‘get’, compuesto de dos letras: ‘gimmel’ y ‘tet’ como están indicadas al fondo. Estas dos letras, por tanto ‘get’, no se encuentran en el hebreo bíblico. Esta palabra fue adoptada en tiempos del Talmud para indicar el divorcio. Y los rabinos han hecho notar que no solamente esta palabra no aparece en la biblia sino que en todas las palabras de la biblia, estas dos letras: ‘gimmel’ seguida de ‘tet’ no aparecen nunca.

Y también han hecho notar que ninguna palabra hebrea que acaba con ‘gimmel’ y la siguiente palabra con ‘tet’. Concluían que Dios no había querido que apareciera esta palabra en la Torá. Recordemos lo que dice el profeta Malaquías en nombre de Dios: “El que aborrece y se divorcia cubre su vestido de violencia” (Mal 2,16).

Y los rabinos decían: cuando ser rompe un matrimonio Dios también llora. Esto es lo que decía la Torá: ‘Si tú te quieres divorciar, da a la mujer el ‘sefer keritut’, el documento que testimonia que tú la dejaste, que tú quisiste el divorcio. No es Dios que ha permitido el divorcio; pero dice, ‘si tú te divorcias, para proteger a la mujer proporciónale el documento de la separación, pues si tú no le das ese documento y ella se vuelve a casar, tú la puedes acusar de adulterio. Por tanto, ya que tú la quieres divorciar, dale ese documento. No es Dios el que ha permitido el divorcio en la Torá. ‘Ahora yo les digo…”. Hasta aquí todo ha estado bien lo que la Torá dice.

Dice Jesús: Quien repudia a su mujer la induce a adulterio. Las palabras de Jesús son muy claras. Él habló muy poco de la sexualidad, que luego ha obsesionado a toda una cierta moral… pero sus palabras son muy claras. Debemos estar atentos porque hoy circula esa mentalidad que piensa que ahora los tiempos son distintos, que ya no vivimos en el Medioevo… que es necesario evolucionar, ser modernos… donde todo está bien, todo es lícito, cada uno decide libremente de hacer lo que le plazca. Esta es la norma que regula los comportamientos: ‘hacer lo que me gusta’.

El interrogante que nos debemos poner es diferente: “Es humanizante o es deshumanizante la mentalidad actual, el permisivismo, la banalización de la sexualidad, la disipación de las costumbres… Todo esto pueden hacer olvidar fácilmente las palabras del Maestro y hacer vacilar hasta las convicciones más sólidas y persuadir que es normal, humanizante, apreciable lo que en vez es solamente un paliativo, un replegarse, un expediente dictado por la sabiduría de este mundo, de la cual uno sale derrotado de estas experiencias. Este es el proyecto de Dios sobre el amor. Un amor incondicional, definitivo. Y hay que apostar mucho para realizarlo, también sacrificio, abnegación.

Y sabemos que no todos se arriesgan a encarnarlo en sus vidas. Está a la vista de todos lo que pasa en nuestro mundo. Y Jesús ha ofrecido los criterios para discernir lo que está bien y lo que está mal, lo que humaniza y lo que deshumaniza. Por tanto, no se pueden hacer concesiones sobre los principios pues no seremos leales con las personas si les indicamos y aprobamos opciones que no son de vida, no están sugeridas por el Maestro. Pero Jesús no da a nadie el derecho de enjuiciar o condenar a la gente.

El que llega a hacer ciertas opciones dolorosas, ciertos cortes, tienen necesidad de que siempre se les acompañe dentro de la comunidad cristiana. La comunidad cristiana debe hacer sentir siempre la comprensión y el acercamiento. Se puede y se debe desaprobar toda opción de muerte, pero no se puede nunca juzgar y condenar a la persona que la comete. A la persona hay que ayudarla siempre.

Escuchemos ahora el cuarto salto de calidad que partiendo de la Torá debe hacer el discípulo de Cristo:

Ustedes, también, han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es trono de Dios; ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno.

En la Torá Dios ha dicho: “No jurarás en falso”. ¿Por qué? Porque existían ciertos casos en que era previsto que se podía hacer un juramento. Por ejemplo, si a una persona se le había encomendado un animal, un asno o un buey y, luego, este animal se hería o moría o era robado, no había testigos, entonces, ¿cómo podía el que había recibido estos animales a su cuidado mostrar que él no tenía nada que ver con lo que había pasado?

Aquí se tenía el juramente delante del Señor. Y el propietario debía aceptar la verdad testimoniada por el que tenía a su cargo el animal. Durante el exilio en Babilonia, los israelitas habían asimilado entre otras malas costumbres, también la de jurar por cualquier motivo. A tal punto, que no se hacía ninguna afirmación sin añadir un juramento: ‘que el Señor me fulmine si no es cierto lo que estoy diciendo’.

Luego, para evitar pronunciar el nombre de Dios, acudían a fórmales menos comprometedoras, así, juraban por el cielo, por el templo, por la tierra, por su cabeza, por los padres…. “Ahora yo les digo: yo les digo que no juren en absoluto”.

Para Jesús el juramento no tiene ningún sentido. Y esto por dos razones. La primera: si uno jura es el síntoma de una sociedad donde reina la desconfianza, la censura, la deslealtad, la sospecha recíproca; y sus discípulos pertenecen a un mundo que no está ya más guiado por estos intereses donde uno está dispuesto hasta a engañar al hermano. NO. Este es el mundo antiguo.

El discípulo de Cristo ha entrado en un mundo nuevo donde existe el amor incondicional por el hermano. Por tanto, no se puede engañar y el jurar no tiene sentido. Y, en este sentido, Jesús está en sintonía con la espiritualidad más sana de su pueblo. Así, Flavio Josefo dice sobre los esenios de Qumram: “Todo lo que dicen tiene más fuerza que un juramento, pero se abstienen del jurar porque lo consideran peor que el perjuro”.

Y Filón, un contemporáneo de Jesús, vivía en Alejandría, decía: “Si la persona aprendiese a ser sincera en todas sus afirmaciones, sus palabras valdrían como un juramento”.Por tanto, Jesús está de acuerdo con esta manera de pensar y dice: “Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno”. Pero existe otra razón muy importante por la cual el jurar no tiene sentido para Jesús.

El juramento presupone una idea pagana de Dios: que Dios intervenga con truenos y relámpagos para destruir, para castigar a quienes en mente lo invoca para una mentira. Dios no es un vengador, por tanto, no tiene sentido hacer juramentos. Hemos tomado en consideración estos saltos de calidad que, partiendo de la Torá, llegar a la meta última que Jesús propone.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

Scroll to Top