4 DOMINGO DE PASCUA – AÑO A

Lucas 10,1-10

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Feliz Pascua a todos.

Todos los años, el cuarto domingo de Pascua está dedicado al tema de Jesús Buen Pastor.Se trata de una imagen muy querida desde siempre por los cristianos quienes a partir del siglo tercero han comenzado a representar a un Jesús joven, con una túnica corta, un cinto a la cintura, calzados en los pies, como solían vestir los pastores de aquel tiempo. Y así, también, estaba representado en los sarcófagos o pintado sobre las tumbas. Querían decir que se fiaban de este pastor aun en el momento que debían atravesar el valle oscuro de la muerte; una referencia al salmo 23.

Hoy, esta imagen nos trae enseguida a la mente a Jesús cargando sobre sus hombros la ovejita que logró recuperar del barranco donde había caído. O a Jesús que conduce a su grey al oasis donde pueden nutrirse y saciar su sed. Para poder comprender el mensaje del evangelio de hoy, debemos cancelar esta bonita imagen.

En el texto de hoy, Jesús no propone una parábola sino un enigma – ‘paroimiai’ en griego. Un enigma que hace pensar y que hay que decodificar y que no es fácil de entender.De hecho, al final el evangelista hará notar que los oyentes no habían comprendido las referencias que Jesús estaba haciendo. Una vez que comprendieran a quiénes estaba aludiendo Jesús, esto es, precisamente a ellos, se enfurecerán y en cierto momento exclamarán: ‘este es un loco… ¿por qué continúan escuchándolo?’. ¿Qué es lo que dijo Jesús que les resultó tan provocativo?

Si Jesús se hubiese presentado simplemente como el pastor de una docena de discípulosno habría molestado a nadie. Pero aquí, sus oyentes se indignan y se sintieron heridos por el ‘enigma’ porque comprendieron muy bien que los personajes a los que Jesús aludía, o sea, los ladrones y asaltantes, eran precisamente ellos. Luego, al final, tratarán de capturarlo, tomarán piedras para lapidarlo y Jesús se deberá refugiar al otro lado del Jordán.

Ante todo, ¿quiénes son estos oyentes que se indignan? Son los fariseos, son los jefes del pueblo, los sacerdotes del templo. Y hay que tener presente el lugar y la ocasión cuando esto tuvo lugar. Todo se desarrolla en Jerusalén, en el templo o en algún lugar cercano al templo.Jesús ya ha expulsado a los vendedores del recinto sagrado.

Y es importante también la ocasión cuando Jesús ha presentado este enigma. Es durante la fiesta de las chozas, la fiesta de la luz. Allí Jesús se presentó como la luz del mundo. Es la fiesta cuando Jesús ha abierto los ojos al ciego de nacimiento. Y al final había dicho: ‘Hay algunos que piensan que ven, pero están ciegos, están replegados sobre sus convicciones, sobre sus certezas y no dejan que se les abran los ojos’.

Precisamente es para abrir los ojos a estas personas que Jesús presenta su enigma. Escuchemos: En aquel tiempo, dijo Jesús: les aseguro que el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca.

El comienzo del discurso es brusco y provocador. Jesús dice que algunos, en vez de entrar por la puerta se trepa al muro y entra en el recinto para prender y matar a las ovejas. ¿A qué situación alude? ¿A quién alude? ¿De quién está hablando? Para comprenderlo debemos explicar qué es el recinto. Nuestro pensamiento va probablemente e inmediatamente al corraldonde las ovejas viven tranquilas hasta cuando llega el ladrón que entra, las ataca y las mata.La palabra griega que se emplea aquí es: ‘αυλην’ = ‘aulé’ que muchos traductores lo traducen como ‘redil’, ‘corral’, pero esto nos lleva fuera de camino. Este término aparece 177 veces en el Antiguo Testamento y nunca significa ‘corral’, sino ‘atrio’, ‘patio’, en general, los atrios del templo.

Este es el recinto al que Jesús hace referencia. Es allí donde se mantienen encerradas las ovejas para poder ser explotadas e incluso matadas. ¿Qué representa el recinto? Es la institución religiosa practicada por el pueblo sencillo en la cual está inculcada una imagen falsa de Dios. Un Dios que es bueno para quienes obedecen a sus mandamientos, y es severo con quienes osan transgredirlos. Un Dios que quiere ser servido y concede sus favores a quienes le ofrecen sacrificios, oraciones, holocaustos, liturgias solemnes.

De esta concepción nace la religión administrada por los guías espirituales, por la clase sacerdotal quienes tienen mucho interés en presentarse como los mediadores de los favores del Señor. Y, como compensación, esta clase sacerdotal… ¿qué pretende y qué obtiene?Honores, inclinaciones, importantes ofertas de los devotos, engañados con la catequesis de ellos. Son esta gente sencilla… son estas las ovejas encerradas en el recinto de sus falsas convicciones religiosas.

Jesús no fue el primero que hizo esta denuncia. Muchas veces el Antiguo Testamento denuncia a los guías del pueblo de Israel. En el Antiguo Medio Oriente la imagen del pastor era aplicada a los reyes mesopotámicos, o al faraón de Egipto quien era llamado ‘el pastor de toda la gente’. El pastor que vela por sus súbditos. Y recordemos que su símbolo era precisamente el bastón curvo del pastor.

En cambio, en el Antiguo Testamento ningún rey viene indicado como un ‘buen pastor’.Los reyes de Israel son presentados como pastores malvados que, en vez de apacentar la grey,buscan su propio provecho, dispersan y matan… dice el profeta Ezequiel en el capítulo 34. Y Jeremías en el capítulo 23 dice: ‘Ay de los pastores que hacen perecer y dispersan mi grey’.En el Antiguo Testamento el pastor es Dios… “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”.También la hermosa imagen del capítulo 40 de Isaías: Dios que lleva las ovejitas sobre su pecho… conduce lentamente a las ovejas madres’ y, luego, ‘pastor’ será el mesías. ‘Ladrones y asaltantes’ ¿quiénes son? Son todos aquellos que mantienen encerradas a la gente en algún recinto para poder aprovecharse de ellas e, incluso, matarlas, quitarles la vida.

Un poco más adelante trataremos de identificar y hacer referencia a algunos de estos recintos. No son solamente los trepadores religiosos sino todos los trepadores de nuestra sociedad que escalan todos los muros para llegar a obtener sus objetivos de poder, de dominio y de dinero. Vamos a identificar a algunos de estos recintos para que nos dejemos sacar fuera por la voz del pastor que no nos quiere esclavos, explotados.

Jesús continúa diciendo: “El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. El cuidador le abre”. ¿Quién es este cuidador que reconoce bien la voz del pastor y la distingue de la de los ladrones? ¿Quién es este cuidador que cuando oye la voz del pastor que ama a las ovejas,le abre inmediatamente la puerta, lo deja entrar porque sabe que las conduce fuera de toda esclavitud y la lleva hacia la libertad?

El cuidador es la conciencia de la persona. Nosotros estamos bien hechos. E inmediatamente sabemos distinguir quién se nos acerca con amor, que nos quiere hacer feliz, que nos quiere donar vida y quién, en vez, nos quiere explotar y privarnos de la alegría y la vida. Si la conciencia no está deformada y corrompida reconoce inmediatamente que Jesús es la persona buena, fiable, que quiere nuestro bien.

La conciencia pone en guardia y denuncia la falsedad de las voces distintas a la voz de Cristo. Cuando llega la voz de Cristo, a través de su evangelio –todos hemos hecho la experiencia– sentimos a nuestra conciencia que nos dice: ‘Él tiene razón. Él te quiere bien. Él te quiere ver libre, quiere llevarte fuera de los recintos donde te han encerrado’. El objetivo del pastor es llevar a la libertad, donde la vida se puede realizar en plenitud. Y dice Jesús: Entra “llama a las suyas por su nombre y las saca”.

El verbo griego que se emplea aquí es un término técnico, del vocabulario del Éxodo, Dios que hace salir al pueblo de Israel de la esclavitud; ‘iazá’ en hebreo significa salir hacia espacios amplios. ‘Zar’ es el lugar cerrado, donde no se es libre. En la lengua hebrea, ‘libertad’ significa ir donde hay amplitud, donde hay libertad. De hecho, Dios ha hecho salir de esta estrechez al pueblo de Israel que se encontraba en Egipto hacia espacios amplios y libres. Y el guardián reconoce la voz de este pastor.

Cuando se escucha la palabra del evangelio, sentimos en lo profundo del corazón, una voz que nos dice: ‘Él tiene razón; es verdad lo que dice; su palabra es vida; él quiere tu vida, no te viene a explotar y oprimir’.

Escuchemos ahora lo que el pastor hace luego de haber llevado fuera de este recinto a sus ovejas:

Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños.

Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. Una vez que ha sacado fuera a sus ovejas, camina delante de ellas. El verbo griego que aquí se usaes ‘ekbálei’ que significa: echar fuera, expulsar. Jesús no soporta que las personas estén encerradas en el recinto porque allí son explotadas, no son libres. Quiere que salgan y Jesús las lleva fuera con su evangelio, con su palabra. Llama a todos a salir de ese recinto.

Y Jesús se refería al templo de donde él ya había echado a los vendedores. Y luego, como Dios en el Antiguo Testamento, había caminado delante de su pueblo para conducirlos hacia la libertad, también Jesús camina delante de sus ovejas para conducirlas a la vida. Tratemos de mencionar a algunos de estos recintos de los cuales Jesús, por medio de su evangelio, nos quiere hacer salir.

El primero podría ser una práctica religiosa que no es expresión de una fe auténtica. Son muchas las prácticas religiosas que hemos heredado de la tradición y de las cuales estamos todavía aficionados. Pero cuando escuchamos al evangelio estas prácticas manifiestan toda su inconsistencia.

El evangelio nos quiere sacar fuera. Tratemos de dejarnos liberar para entrar en un mundo que es más hermoso, que es más amplio, donde seamos más felices; donde entremos en una relación, en un diálogo con Dios que nos abre el corazón y nos hace felices. Otro recinto que también muchos experimentan todavía: una falsa imagen de Dios. Un Dios imaginado como un patrón, un legislador, que impone un código y se convierte, al final, en un juez riguroso.

La conciencia de haber observado todos sus preceptos daba una cierta tranquilidad moral, por tanto, la certeza de una retribución por parte del Señor. Pero esta manera de relacionarse con Dios infunde, al final, miedo; no da alegría porque es falso. Dios ama de manera incondicional y solamente cuando se acoge este amor se siente verdaderamente ser una persona libre para amar, mientras otros, sintiéndose apretados, estrechos dentro del recinto de esta falsa imagen de Dios tal como se predicaba, se escaparon del recinto, pero para caer después en recintos aún peores. El recinto del no sentido de la vida, o del desenfreno y del libertinaje. Pero también llega el evangelio a estos recintos para sacarlos fuera. Luego están los recintos de los ídolos; esas realidades que luego condicionan todas nuestras opciones de vida. El recinto del que vive para el dinero. El que vive para la carrera, para el éxito. Si vives para estas cosas, eres esclavo. No levantas la cabeza… no ves al amigo… no ves al pobre… no ves al necesitado… no ves al que está en dificultad. Estás encerrado en este recinto y no vives como persona.

El pastor hace oír su palabra a esta gente y les dice ‘¿qué es lo que te beneficia permaneciendo en este recinto si consigues ganar el mundo entero si después tienes una vida sin sentido? Luego están los recintos de los vicios, de la corrupción moral. Los recintos del poder que te lleva a hacer concesiones de toda clase, que justifica todo: verdad y mentira, luces y sombras… da lo mismo. Lo que interesa es obtener poder, obtener placer, el tener. Eres esclavo… déjate llevar fuera de este recinto.

Después están los recintos de las ideologías que esclavizan a la gente; las personas son coaccionadas. Piensan y deciden según la ideología que te han inculcado, según lo que la ideología te impone. Pensemos lo difícil que es hacer reflexionar a quien está completamente condicionado, por ejemplo, de una cierta ideología política. Déjate sacar fuera. El recinto del que dice ‘así hacen todos’, el recinto de los modelos culturales encarnados en personas concretas, las ‘estrellas’, los modelos, gente de éxito. Pensemos también en esos modelos culturales donde la mujer todavía está marginada, vulnerada en su dignidad, se la excluye. Es el evangelio el que no quiere que las personas permanezcan allí dentro.

Y, a nivel personal, los recintos muy comunes de los remordimientos que impiden alegrarse, el ir hacia delante. Cuando Jesús encuentra a la gente nunca mira a su pasado. El pasado te bloquea, te encierra, no te deja abrir a la vida plena. Tú estás invitado a mirar hacia delante, no al pasado.

Jesús dice: “Vete en paz – no repitas el mismo error, pero ahora haz fiesta”. No a los remordimientos… los remordimientos te auto-castigan. No permanezcas allí dentro. Los recintos del rencor; el que quiere hacer pagar el error que has hecho. Y esto te mantiene dentro del recinto y te hace sentir culpable para experimentar la alegría de verte sufrir. Y te recuerda siempre el error cometido. Te hace sentir malo, sucio, equivocado. Cuando el rencor te dice: ‘mira lo que has hecho… ¿no te da vergüenza? ¿Qué vas a hacer para perdonarte?’.

El que habla de esta manera es un ladrón que te quita la alegría de construir tu futuro.Todos nosotros tenemos nuestros recintos dentro de los cuales estamos encerrados y solamente la voz del pastor te puede liberar. Jesús no vino para sacarte de un recinto y llevarte a otro recinto mejor. NO.

Jesús vino para sacarte de todos estos recintos y llevarte hacia la libertad. Y cuando el cuidador oye la voz, la distingue bien y la diferencia de la voz del extraño. Y las ovejas no siguen a un extraño porque también ellas conocen inmediatamente la voz del pastor. El discernimiento para saber quién es el verdadero pastor y quien es un ladrón está pronunciadopor las mismas ovejas… porque estamos bien hechos.

Toda persona prefiere la verdad a la mentira. Instintivamente quiere la libertad; no la esclavitud, la vida, no la muerte. Y ahora Jesús esclarece la alusión enigmática sobre la puerta de las ovejas. Escuchemos: Entonces, les habló otra vez: Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia. En este momento esperaríamos que Jesús dijese: ‘Yo soy el buen pastor’. NO. Dice, ‘yo soy la puerta de las ovejas’.

También, quizás, esperaríamos que dijese: ‘Yo soy la puerta del recinto’. NO. Él no tiene nada que ver con los recintos… Es la puerta de las ovejas. Las ovejas están fuera, ya las ha llevado fuera con su palabra. Ahora son libres y deben ser orientadas y deben pasar a través de él, que es la puerta. ¿Qué quiere decir? Pasar a través de Cristo es entrar, finalmente, en el mundo de la libertad; en el espacio infinito de quien puede ser realmente hombre, hombre verdadero, hombre bueno semejante al buen pastor.

No confundamos la libertad con el hacer lo que a uno se le ocurra. El que hace lo que quiere, lo que le gusta, el corrupto, el libertino no es una persona libre, es esclavo de sus propios instintos. No es una persona verdadera. Solamente quien pasa a través de la puerta que es Cristo tiene acceso al mundo de la libertad, al reino de Dios. También los sinópticos hablan de esta puerta cuando dicen que es ‘la puerta estrecha’. Y Jesús invita: ‘Entren por la puerta estrecha’.

Él es la puerta estrecha. Pide la renuncia a uno mismo, el amor desinteresado por los demás e incluso el don de la vida para el enemigo. Pero él es la única puerta que introduce al mundo realmente humano. El mundo de quien ama y solamente ama. Todas las otras propuestas de vida son trucos y escollos que hacen precipitar en pozos de muerte.

Luego tenemos una afirmación de Jesús que nos sorprende: “Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes…”. Ahí tenemos a los patriarcas, a los profetas… ¿Es a estos a quienes Jesús se refiere? NO. ¿Qué quiere decir? Todas las propuestas de vidaanteriores a la que yo estoy haciendo eran de ladrones.

Tratemos de recordar a toda la historia pasada: fue una historia de violencia, de pillaje pues estaba regida por el principio de la competición, por la ley del más fuerte. El evangelio también nos hace ver hoy cómo aún el estar juntos, lo que llamamos ‘democracia’ que no es peor que las democracias del pasado, es aún una negación de la fraternidad y por tanto todavía es robo y pillaje.

Cualquier propuesta diferente a la del evangelio son bandidaje. Jesús dice: “Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos”. ¿Qué es lo que trata de decir? ¿Qué uno puede entrar y salir del redil como y cuando quiera? NO. No se entra y después se sale. Se sale una vez de todos los recintos. Se entra en el mundo nuevo, el mundo de la libertad y saldrá, definitivamente, de todas las propuestas de vida deshumana.

Al final, la diferencia entre la propuesta de Jesús y la de los ladrones y asaltantes es esta:“Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. El ladrón solo viene a robar, matar y destruir.

Es la invitación para nosotros para saber distinguir, a dejar que nuestra conciencia sepa reconocer la voz de Cristo que nos quiere llevar a la vida.

Les deseo a todos una buena Pascua y una buena semana.

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