1 DOMINGO DE CUARESMA – AÑO A

Mateo 4,1-11

Para bajar el texto del video

En aquel tiempo, Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo.

Un buen domingo para todos.

El diablo ha sido siempre representado como monstruoso, horrible. Pero si el tentador está siempre representado de esa manera ¿cómo se explica que tanta gente lo siga? NO. El maligno seduce porque se presenta bello, atrayente.

Observen al Diablo en la estatua que se encuentra en la parte posterior del púlpito de la catedral de san Pablo en Liegè, Bélgica. ¡Si no fuera por las alas de murciélago lo confundiríamos con un ángel del paraíso, o con la perfección de una bella mujer o con un Apolo! Creo que todos quisiéramos asemejarnos, estar contentos de poseer esa belleza. Este es el peligro. Y es así como se presenta el Diablo: hermoso, fascinante. Uno que te quiere, uno que te propone la alegría, la vida y te sugiere lo que debes hacer si quieres encarnar esa belleza. Pero te engaña.

El texto del evangelio de hoy te ayuda a ponerte en guardia porque si sigues los consejos del Maligno arruinarás tu vida; te embrolla porque su belleza es efímera. En realidad, es un fracasado; lleva a la ruina a los que le hacen caso. Observen algunos detalles de esa escultura. Está atado con una cadena. Está prisionero y quienes lo escuchan se convierten también en esclavos, atados a las cadenas de las propias pasiones, de los propios vicios y atados a proyectos ilusorios.

Fíjense que la corona no la tiene en la cabeza sino en la mano. Se le cae porque su reino no es duradero, sus triunfos son siempre engañosos. Fíjense también en el cetro: está roto, la mitad en la mano y la otra mitad en los pies. Y hay también una manzana con un mordisco, que viene a decir: “Haz lo que te plazca – sé el dios de ti mismo”. Pero el sabor del pecado es siempre amargo y al final te deja disgustado. Tratemos de identificarlo bien. No es un ‘diablo despreciable’ que el Padre del cielo haya dejado libre para hacer el mal a sus hijos e hijas. Si así fuese, nosotros le pediríamos que lo tenga encadenado en los abismos y cerrar este abismo con siete puertas y bajo siete candados.

¿Por qué no lo hace? Esta era la objeción que yo ponía a la religiosa catequista cuando era niño. Ella respondía con mucha simplicidad diciendo que el Señor lo dejaba hacer esto porque después el Maligno tenía que sufrir mucho por toda la eternidad. Naturalmente, esta explicación no me satisfacía.

Dios no lo puede encadenar con siete candados porque el Maligno es parte de nosotros mismos. Está presente en todos nosotros. Es esa voz engañosa que nos dice: ‘Mira qué agradable es ser autorreferencial en tus opciones morales. Haz lo que te da la gana… ¿qué razón tiene saber lo que Dios piensa? Dios existe solo para una minoría que todavía vive en la Edad Media. Cuando uno crece toma sus propias decisiones y no hace falta Dios’. Este es el maligno, el que nos da las sugerencias. Este Maligno es parte de nosotros mismos. Nos dice que Dios es un impedimento para la realización de nuestras vidas. Son la ciencia y la técnicalos que deben decidir lo que hay que hacer; la ciencia y la técnica son las fuentes de referencia. Lo demás son ‘credulonerías’.

Entonces, la palabra de Dios no se recibe como una sugerencia amable de un Padre que nos quiere feliz, sino como una imposición pesada, arbitraria, sin sentido. Diablo (diábolos en griego) viene del verbo ‘diabálo’ que significa el que nos pone una traba. Impide la relación de amor entre Dios y los hombres. Esta es la fuerza del mal que arruina a la persona. Es la fuerza que luego se encarna en estructuras, en grupos de gente, en cosas.

En el evangelio tenemos una encarnación de este Maligno en Pedro, que se presenta como un obstáculo para que Jesús recorra el camino que lo llevará a la donación de su vida. Quiere llevarlo por otro camino.

Y notemos que Pedro se presenta como amigo de Jesús; le dice: ‘No vayas a Jerusalén porque acabarás mal. Tú debes triunfar, llegar a ser grande, poderoso’. El Maligno te engaña porque parece estar de tu parte, que quiere tu bien. Y toda la humanidad debe tener en cuenta este conflicto interior como una fuerza que lo lleva lejos de Dios. El Señor nos da su Espíritu que lucha contra esta fuerza negativa, porque el Espíritu nos quiere unir al Señor.

Es lo que Pablo dice a los gálatas en el capítulo 5 de su carta: ‘La carne tiene deseos contrarios a los del Espíritu. El Espíritu tiene deseos contrarios a los de la carne’. Y estas dos realidades se oponen frontalmente. Y por ‘carne’ se entiende esta fuerza del mal y sobre esto debemos estar atentos.

Y para Jesús, que es hombre como nosotros, no hubo excepción. También él ha experimentado este conflicto interior. ¿Cómo presentar en una página de catequesis esta experiencia de la tentación que, tanto para Jesús como para nosotros, dura toda la vida? Las comunidades cristianas de las primeras generaciones han sintetizado esta experiencia, que también Jesús ha hecho, este conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, la han sintetizado en tres parábolas.

Escuchemos a la primera:

Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches y al final sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él contestó: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

En la Biblia, el número 40 indica toda una generación, toda una vida. Y también en esta parábola indica la experiencia de toda nuestra existencia en este mundo. ¿Qué pasa en esta vida? ¿Qué hacemos? ¿Cómo empleamos nuestro tiempo, nuestros dones, nuestras energías?¿Cuál es el objetivo que le damos a nuestros días? ¿Para qué vale la pena vivir?

Tenemos una primera sugerencia engañosa que sentimos dentro de nosotros. Y es ésta:‘Piensa en las cosas materiales, que son las únicas que cuentan… son éstas las que te deben interesar: alimento, casa, salud, profesión… Piensa solamente en estas cosas y vivirás bien, te sentirás realizado, serás feliz’.

Ciertamente son cosas importantes e indispensables para la vida. Pero pon atenciónporque esta fuerza diabólica, esta compulsión maligna te lleva a pensar que solamente es estolo que cuenta en la vida. Y te dice: ‘Deja de lado todo lo demás. Te sentirás realizado cuando estés bien, cuando te puedas alimentar de todo lo que te agrada’. La tentación: “Si eres hijo de Dios”. Esto es: ‘Si quieres ser un dios, utiliza la ciencia y la técnica para conseguir estos bienes materiales. Para ser feliz no necesitas de nada más. Tu identidad es la del superhombre: serás un dios si produces estos bienes. El valor, el éxito de una persona, en este contexto y según esta mentalidad, se mide por lo que la persona produce y cuando la persona no produzca más, ya no significa nada, son marginados, no cuentan, no son personas exitosas.

El pan del que habla esta parábola indica todo el conjunto de estos bienes que necesitamos para vivir y no los podemos echar de menos. Son tan importantes que, en la Biblia, el verbo ‘comer’ = ‘ajal’ aparece 910 veces. Muchas páginas en la Biblia tienen este verbo… parece que se está continuamente comiendo. La persona tiene necesidad de esto que es necesario para la vida y Dios quiere que el hombre esté satisfecho. Dios le ha preparado un banquete que, si está bien administrado, tendrá siempre alimento en saciedad, todo lo necesario para su vida biológica.

Pero pongamos atención porque esta fuerza maligna te lleva a no contentarte con lo que es necesario, con el ‘pan’ necesario, y te empuja a acumular siempre más, como si para vencer a la muerte, para mantener la vida bastase con retener estos bienes materiales. Y así, se acaba acumulando y viviendo en el lujo y en el despilfarro mientras que otros viven en la miseria y pasan hambre.

Ahora nos preguntamos: ¿Basta lo necesario para la vida biológica, esa vida que tenemos en común con las plantas y con los animales, es suficiente esto para sentirse plenamente realizado como persona? Esta es la respuesta que Jesús da a esta tentación peligrosa porque si la sigues no llegas a ser plenamente humano. La respuesta de Jesús: “Está escrito, no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Lo que quiere decir: ‘Tú no eres solamente vida biológica. Has recibido otra vida que es la que te hace realmente y plenamente persona; lo otro es todavía pre-humano. Y esta vida divina se alimenta con otro pan, distinto del pan material. Es el pan de la Palabra de Dios.

Si no te detienes a reflexionar a la luz de esta Palabra para buscar el sentido de tu vida,no llegarás a ser plenamente humano’. Como necesitamos de este ‘pan’ para vivir, la tentación es la de ‘vivir para el pan’: el dinero, el alimento, la profesión. Son cosas buenasmientras no se transformen en un absoluto. El Evangelio nos dice que la persona es más grande que las cosas. Si pierdes la cabeza por las cosas materiales, si las consideras un absoluto, permanecerás decepcionado porque acabarán por no saciarte porque tú eres hecho para el infinito y todas estas cosas materiales no serán nunca capaces de satisfacer esta necesidad que tú tienes de una vida que va más allá de esta vida biológica.

Te darás cuenta que, si fuiste a un pozo para sacar agua, a un pozo que un día se secará, y se secará tu búsqueda del placer, se secarán tus éxitos profesionales. Si has apuntalado toda tu vida sobre esto para darle sentido, te darás cuenta que todos estos pozos se secan y permanecerás con tu sed de alegría infinita que ninguna realidad material será capaz de saciar. Nos podemos engañar en la manera de relacionarnos con la realidad material, que está debajo de nosotros, considerándolas un absoluto. Pero también nos podemos equivocar con la manera de relacionarnos con quien está arriba de nosotros, con Dios.

Y ahora tenemos la segunda parábola:

Luego el Diablo se lo llevó a la Ciudad Santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles sobre ti; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús respondió: También está escrito: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.

“Si eres Hijo de Dios”. Es la intención del maligno de insinuar en la mente y en el corazón de la persona la duda de que Dios te quiera realmente y también que Dios exista. Que tengas otro padre, diferente del padre que te ha dado la vida biológica. Aquí está la duda, el interrogante: ‘¿Existe Alguien arriba mío o estoy solo en este mundo?’.

Si pienso que solo tengo un padre biológico me replegaré sobre las realidades materiales de este mundo, como si fueran el absoluto, el único ‘pan’ para la única vida. Esta es la duda que el Maligno trata de insinuarte: ‘¿Estás seguro que esta vida material no sea la única vida? Y aquí la tentación: ‘Quizás no haya nadie que esté interesado por ti. Y si hay alguien allá arriba, pídele una prueba de que existe y que te ama; que demuestre su presencia y su amor haciendo milagros en tu favor’.

Dios ha prometido guardar a sus fieles, como afirma el salmo 91 y está citado en la tentación: “Porque a sus ángeles ordenará que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra” (Sal 91,11-12). Dios se ha empeñado en proteger tu vida por medio de sus ángeles. Y, en realidad, Dios ha puesto a nuestro lado a sus ángeles que son los mediadores de su ternura y de sus favores. Es aquí donde entra el salto a la fe en Dios.

La fe debe ser razonable. Nuestra mente debe estar bien informada, pero en cierto punto,la razón no da para más y entra en juego la fe, el impulso de amor hacia los brazos de amor de Aquel que he comprendido que existe y que me ama; y la persona se siente amada. Y esta persona no pide pruebas porque esa petición contradice al amor. Es una clara manifestación de desconfianza en el otro. ‘Sé que existe un Padre más arriba de mí; he comprendido que Él me ama y no tengo necesidad de pedirle alguna prueba. Sé que Él con sus ángeles está a mi lado y quiere que yo sea feliz’.

La tentación del miraculismo es la relación equivocada con Dios. El apelo a Dios para que haga eso que nosotros estamos llamados a hacer con las grandes capacidades que Él ha puesto a nuestra disposición. Cuando entra el miraculismo, la religión se convierte en superstición y magia. Estos son los intentos velados de apoderarse de fuerzas sobrehumanas para ponerlas a nuestro servicio. Esto no es fe. La fe se reduce a oraciones a los santos para obtener favores, el recurso a reliquias, a objetos que luego no son muy diferentes a amuletos y talismanes…. aguas milagrosas…

No quiero despreciar la fe sencilla, pero es necesario que la fe sea cada vez más auténtica; esto es, la certeza de sentirse y saberse amados y no buscar la prueba de la intervención del Señor para que nos demuestre que nos quiere bien. Si apuntalamos nuestra relación con Dios en la búsqueda de prodigios, la misma vida se encargará de poner dudas que Dios no cumpla con sus promesas y nace la necesidad de tener estas pruebas.

Y, ¿quién de nosotros no ha sido testigo de creyentes que están desilusionados porque sus oraciones no han sido escuchadas y que decían ‘¿qué sentido tiene creer en Dios si después no hace lo que se le pide… si realmente fuese Dios intervendría con un milagro frente a ciertas situaciones… por qué no lo hace’?

Es la tentación que también Israel tuvo en el desierto cuando frente a las necesidades vitales de agua y alimento que experimentaban se preguntaban: ‘¿El Señor está en medio de nosotros o no?; que nos lo pruebe’. Esta duda, esta petición es una ofensa a Dios porque hace dudar de su amor. También Jesús pasó por esta prueba.

Ciertamente se ha preguntado: ¿Por qué el Padre no intervenía para demostrar que él tenía razón? ¿Por qué dejaba correr los acontecimientos como si él no existiese? ¿Por qué los malvados triunfaban sobre los justos? ¿Por qué Dios no ha intervenido para desenmascarar la falsedad de Anás y Caifás? Son preguntas muy parecidas a las que las gentes de todos los tiempos siempre se han puesto: ¿Por qué los impíos y los malvados prosperan, mientras que la vida es a menudo injusta y cruel con los débiles y Dios no hace nada? Esta es la tentación: No fiarse más del Dios que no da pruebas de su amor.

La respuesta de Jesús: “No pondrás a prueba al Señor, tu Dios”. Es la invitación a cultivar una fe pura, que no tenga necesidad de pruebas y de milagros. Jesús ha demostrado cómo se viven los acontecimientos alegres, tristes y también dramáticos de la vida, sin dejarse dominar por la duda que Dios no sea fiel a su amor.

Y ahora la tercera parábola que nos pone en guardia sobre la tentación de relacionarnosde manera equivocada, deshumana, con quienes están a nuestro lado.

Escuchemos:

De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor, y le dijo: Todo esto te lo daré si te postras para adorarme. Entonces Jesús le replicó: ¡Aléjate, Satanás! Que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto. De inmediato lo dejó el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle.

En la tercera parábola, el Maligno se presenta como el príncipe de este mundo, como el que todo lo tiene en mano. Y, en realidad, ¿cuál es la relación que guía el comportamientoentre la gente, entre el pueblo, entre las naciones? Tratemos de reflexionar. ¿Acaso no es la fuerza del Maligno la que gobierna al mundo?

Cada uno busca instintivamente lo que le da comodidad, lo que le gusta. Los gobernantes piensan en el interés de su pueblo y para cumplir este objetivo escuchan al Maligno, y ¿qué les sugiere? Les dice: ‘el mundo está regulado por la competición; cada uno busca de dominar y de hacerse servir por los demás. Esta es la ley… y ahora yo te enseño cómo se vence. No prestes atención a nadie, no te conmuevas frente a la necesidad de los demás; y, si es necesario, debes estar dispuesto también a aplastar a aquellos que quieres que te sirvan; si administras las finanzas o la economía debes pensar solamente en el beneficio; si es necesario explota lo creado, contamina, destruye la creación, desperdicia los recursos naturales. Así se mueven las cosas en el mundo; es así como se vence en el mundo. Se consigue lo que uno busca siguiendo estos criterios’.

También Jesús recibió estas sugerencias del Maligno. Le dijo: Puedes cambiar el mundoy yo te enseño cómo hacerlo. Hazte del poder. Escúchame porque de lo contrario fracasarás.Esto es lo que significa: “si te postras para adorarme”. Si aceptas mi lógica, mi manera de pensar, si tu aceptas mis órdenes y sigues mis indicaciones. Es la sugerencia no de servir, sino de dominar, competir y de no ser solidario, hacerse servir y no ser servidor de los demás.Debes ejercitar este dominio sobre la gente y esforzarte en prevalecer sobre los demás.

Siempre que alguien esté forzado a arrodillarse, a inclinarse delante de otro, allí trabaja la lógica del Maligno. ¿Cómo respondió Jesús a esta propuesta que el Maligno le hizo? Es la misma propuesta que se nos hace a nosotros porque la alternativa es servir o hacerse servir por el otro. Jesús dijo: “¡Aléjate, Satanás! Que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto”.

A Jesús no le faltaban cualidades para emerger y apoderarse del poder político y religioso. Era inteligente, lúcido, valiente y también sabía cómo encantar a la muchedumbre.Ciertamente habría tenido éxito, pero con una condición: que adorase a Satanás. Esto es, que se adecuase a los principios de este mundo y entrase en competición. Jesús hizo la apuesta contraria. Se hizo siervo. Es el Cordero que ha dado comienzo al reino de quien se hace cordero junto con él y dona la vida por amor. Este es el reino destinado a permanecer; esta es la corona regia que nunca será quitada de la cabeza. Esta es la vida de quien es realmente libre, libre para amar.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

Scroll to Top